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Savonarola y la hoguera de las vanidades

¿Quién encendió la hoguera de las vanidades? Descubre aquí esta apasionante historia.

Bernardino de Siena organizando la hoguera de las vanidades

Wikipedia CC BY-SA 2.5 it Bernardino de Siena organizando la hoguera de las vanidades

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A todos os suena lo de la hoguera de las vanidades por la famosísima novela de Tom Wolfe, pero no mucha gente sabe quién fue el que la prendió, un personaje de lo más singular: Giacomo Savonarola, un exaltado fraile dominico amigo del ayuno y el cilicio que llegó a ostentar el poder en Florencia en el siglo XV y acabó desafiando al mismísimo Papa borgia Alejandro VI. Acabó mal, claro.

Savonarola, fanático entre los fanáticos, fue un predicador brillante que con sus sermones apocalípticos y llenos de visiones subyugaba a las masas florentinas desde su púlpito del convento de San Marco. En una Florencia que atravesaba su mejor momento artístico pero no económico, sus soflamas contra el lujo, los ricos y poderosos y su propuesta de una vuelta al cristianismo más puro y austero conquistaban al vulgo, y personajes como el mismísimo Miguel Angel o Boticelli eran fans declarados.

Aunque en principio no buscaba detentar el poder de Florencia, una serie de avatares políticos causados por la presencia de las tropas del rey de Francia provocaron que los enemigos de los Médici le colocaran al frente de la ciudad. Pensaban que sería una marioneta en sus manos, pero Savonarola era un iluminado de mucho cuidado.

Lo primero que hizo fue instaurar un régimen teocrático, estableciendo una nueva constitución donde se declaraba a Cristo como rey de Florencia.

Además de continuar con sus prédicas contra la riqueza y la vida llena de escándalos y corrupción del Papa ( que tenía un sinfín de amantes y varios hijos), Savonarola también les cortó el rollo a los florentinos y estableció una cruzada contra todo lo que él consideraba superfluo, lujo u ostentación. Convirtió a la hasta entonces alegre y dicharachera Florencia en una gris ciudad de penitentes, iniciando una persecución radical contra todo aquello que a él le parecía pecaminoso. El símbolo máximo de todo esto fue su famosa "hoguera de las vanidades", cuando el 7 de febrero de 1497, martes de carnaval, por orden suya sus seguidores recogieron y quemaron en público miles de vestidos, cosméticos, objetos de adorno, libros de poesía de Petrarca y Bocaccio entre otros, escritos de autores clásicos romanos y griegos, pinturas mitológicas con desnudos... El tío censuraba más que Instagram y su fanatismo tenía un puntito talibán: persiguió ferozmente a los homosexuales y las bebidas alcohólicas. No sabemos si respetó el jamón.

Los florentinos empezaron a estar hartos de Savonarola. La marcha de las tropas del rey de Francia, que le apoyaban, le dejó en una posición delicada. El Papa, libre ya de la amenaza francesa, le convocó al Vaticano para que se arrepintiera, pero Savonarola rechazó despectivamente la invitación y continuó con sus invectivas contra el pontífice y su modo de vida. El Papa entonces le excomulgó y amenazó a Florencia con un interdicto, lo que supondría la pérdida de las posesiones que los nobles florentinos tenían en el Vaticano.

La cosa se ponía fea para nuestro predicador. Casi todas las grandes familias de Florencia estaban en su contra, y sus seguidores, conocidos en la ciudad como los "piagnoni" ( llorones), cada vez eran menos.

Los acontecimientos acabaron precipitándose cuando sus enemigos los franciscanos le propusieron un desafío: la medieval prueba de fuego. Se dispusieron dos hogueras en la bellísima Plaza Della Signora y un fraile dominico y otro franciscano debían atravesarlas, para someter al juicio divino quién tenía razón. Savonarola, que hasta entonces había insinuado que incluso obraba milagros, no quería que la prueba se llevase a cabo y no paró de retrasarla y poner mil excusas, hasta que comenzó a llover y definitivamente no se pudo realizar. Eso fue su final: en una época en que no había Netflix, el pueblo se había quedado sin su espectáculo y se enfureció contra el fraile, que acabó arrestado.

Fue entonces cuando el papa Alejandro VI le dio la puntilla. Envió a sus delegados a Florencia, le hicieron un juicio rápido y le condenaron a muerte. Fue ahorcado y su cuerpo fue quemado en la plaza. Es el riesgo de prender hogueras, que puedes acabar ardiendo en una de ellas. Los florentinos lo tienen bien presente, pues cada 23 de mayo se celebra la fiesta de La Fiorita, que recuerda la muerte y ejecución de este famoso hereje aguafiestas.

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