Estamos pasando tiempos muy duros con el coronavirus, y quiero que mi artículo de hoy sea un homenaje al personal sanitario, mi aplauso particular desde este balcón de Liopardo a esos profesionales que estos días se están dejando la piel y la vida por todos nosotros.

Os voy a contar la historia de dos santos muy especiales, San Cosme y San Damián, patronos de los médicos y de los farmaceúticos, y por extensión, de todos los sanitarios.

Cuenta la tradición que Cosme y Damián eran dos hermanos ( hay quien dice que gemelos) célebres en el ejercicio de la medicina. Además eran buena gente y prestaban sus servicios desinteresadamente. Ni siquiera te pedían que les siguieras en Instagram.

Son famosos y muy representados en las iglesias por su "milagro" del primer transplante de pierna, de un criado negro fallecido poco antes a un hombre blanco ( al revés no habría quedado políticamente correcto cuando se inventó esta historia).

A pesar de que eran tan buena gente, el malvado emperador Diocleciano les tenía manía y bajo su mandato fueron torturados y quemados vivos, y como tenían más resistencia que Esperanza Aguirre y sobrevivieron, finalmente les separaron amablemente la cabeza del tronco y ahí ya si que la medicina no pudo hacer más milagros.

Ni canonizados y elevados a los altares les dejaron tranquilos. Su festividad, que hasta 1969 se celebró el 27 de septiembre, fue cambiada al 26 porque ese día son los "dies natalis" de San Vicente de Paul, que se ve que es más importante. Y en Canadá ( ya decían los de South Park que los canadienses van a su aire), se trasladó al 25, porque el 26 tienen la fiesta de los mártires canadienses.

En cualquier caso, San Cosme y San Damián son santos, curaron a mucha gente y nos sirven de inspiración para días como los que estamos viviendo hoy. Benditos sean.