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San Carlos Borromeo, que te veo

Diostuitero nos cuenta el origen de las celosías y que es el llamado "delito de solicitación".

Confesionario

Pixabay Confesionario

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En la Iglesia católica somos especialistas en perdonar los pecados. Para eso los inventamos nosotros. ¿Y cómo se hace eso?

Pues mediante la confesión, el mejor servicio de inteligencia del mundo, una idea genial mediante la cual consigues que todo hijo de vecino te cuente aquello que oculta a sus semejantes, sus secretos más prohibidos, bajo amenaza de ir al infierno. Y encima te dan las gracias. Desde que lo inventamos en el siglo XIII no ha parado de darnos alegrías.

Algunas de esas alegrías no eran del todo aceptables. Al principio la confesión se realizaba cara a cara, sin nada de por medio, y claro, que si te cojo la mano, que si me cuentas tus pensamientos impuros....la cosa se desmadraba y se producía lo que se llamaba "delito de solicitación", que era que el cura intentaba y muchas veces conseguía beneficiarse al pecador o pecadora de turno.

Tan escandalosa era la situación, que el arzobispo de Milán, Carlos Borromeo, sobrino del Papa para más señas, determinó que "las sedes o cátedras penitenciales" se cerrasen por ambos flancos con paredes provistas de rejillas, la famosa celosía que todos conocemos.

En muchos lugares permaneció la costumbre de que los hombres y los niños se siguieran confesando a cara descubierta, y solo las mujeres lo hiciesen por la celosía, pero nuestros pastores muchas veces se convierten en lobos y hubo que adoptar la rejilla para todas las ovejas.

Con el barroco le fuimos añadiendo adornitos, cortinas y demás, pero la verdad es que el delito de solicitación no solo no desapareció, sino que acabó aumentando. Solo faltaban velitas y la música de Julio Iglesias.

Mi consejo es que si queréis confesar vuestros pecados lo hagáis directamente conmigo, con Dios. Es verdad que el cura te sirve de psicólogo, pero donde esté la línea directa con las alturas, olvidaos de los mortales y sus debilidades.

En cuanto a Carlos Borromeo, le hicimos santo. Aparte de que venía recomendado por ser sobrino del Papa, el hombre demostró ser un gran decorador de interiores con sus "Instructiones Fabricae et Supellectilis Ecclesiasticae", que todavía se utilizan, y además tuvo una actuación destacada durtante la llamada "Peste de San Carlos" (1576).

Esta peste le pilló fuera de Milán: pues bien, volvió a toda prisa, organizó la respuesta sanitaria y social, acudiendo personalmente a todas partes, vendiendo su patrimonio y bienes preciosos que le quedaban....¡un santo! Igualito que vuestros políticos con el coronavirus. Cuando veáis una rejilla, acordáos de él.

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