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¿Qué hice los cuarenta días que estuve en el desierto?

¿Qué hice los cuarenta días que estuve en el desierto?

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¡Acaba de empezar la cuaresma, chavales! ¿Que qué es eso? Ya sé que ninguno tenéis ni idea, porque vuestro nivel educativo es más precario que una estufa de madera, pero tranquilos que os lo explico: es la conmemoración de los cuarenta días que yo pasé retirado en el desierto, preparándome antes de comenzar a predicar. Sí, estuve concentrado como los equipos en pretemporada. Elegí cuarenta días porque es un número muy bíblico, ya sabéis: los cuarenta años por el desierto de Moisés, los cuarenta días que duró el Diluvio, los cuarenta días que Goliath estuvo intimidadando a Israel... Además el profeta Elías había estado retirado cuarenta días en el desierto del Sinaí y le había ido muy bien: acabó subiendo al Cielo en un carro de fuego. ¡Así que logró el ascenso! Alí Babá tenía cuarenta ladrones, y vosotros escucháis los cuarenta principales. Pues eso. Me fui al desierto a preparar la temporada, pero tuve un fallo. ¡No me había llevado de comer! Dice la Biblia, mis memorias, que “después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre”. Vamos a ver, yo tuve hambre ya el primer día a la hora de comer. Sales por la mañana, te pegas una buena caminata, y a la hora de comer está canino. Como cuenta la Biblia, y aquí sí acierta, se me apareció Satán y me tentó, incitándome a convertir unas piedras en panes. Yo le contesté: “No sólo de pan vive el hombre”, y es verdad, porque un bocata de pan con pan, sin un buen embutido o un trozo de queso, es una tontería. A partir de aquí la Biblia no profundiza, por eso os voy a revelar qué estuvimos haciendo. Satán me dijo que había montado un negocio de carnes a la parrilla en el Infierno, y en un momento apareció con unas buenas chuletillas, chistorra, panceta, butifarra... Yo convertí las piedras en pan, las multipliqué e hicimos una parrillada. Como había comida de sobra invitamos a los diose del Olimpo. Apareció Zeus, que nos fué muy útil porque con el rayo doraba la carne por donde hacía falta. Hermes aprovechó que tenía alas en los pies y montó un negocio de comida a domicilio. A Afrodita le tuvimos que decir que se fuera, porque ya era mucha tentación: ¡no sabéis cómo está la muchacha! Poseidón nos trajo agua del mar, y yo la convertí en vino, pero quedó un poco salado. Atenea, que es muy sabia, me dijo que tenía que habe utilizado agua dulce. También subió Hades, pero empezó a discutir con Satán sobre cual de los dos tenía el mejor Infierno, y se fastidió la fiesta. Al final nos volvimos a quedar Satán y yo solos, y empezamos a recordar tiempos pasados, cuando nos llevábamos bien, todavía mejor que ahora. Fue antes de que le expulsara del Cielo. Era mi ángel más bello, el más brillante de todos. Diostuitero: ¡Cómo te echaste a perder! Satán: Lo sé, es que quería ser como tú. Ser Dios tiene que ser la h..perdón, tiene que molar. Diostuitero: Pues no te creas. Al principio está muy bien, pero luego te cansas de tener que ser tan perfecto. Es agotador. Y tienes que ser ominpresente, con lo que te vuelves loco para estar en todos los sitios a la vez, y al final no estás en ninguno. Es como cuando haces un crucero, que quieres ver un montón de lugares fantásticos en muy pocos días, pero vas tan deprisa que al final no ves ninguno bien. Satán: Visto así... Diostuitero: También tienes que ser omnisapiente, y la gente te coge manía porque eres el típico cuñado. Satán: Es verdad... Diostuitero: Y omnipotente. Al principio está genial poder hacer todas las cosas, pero luego te aburres porque nada significa un reto para tí. Te resulta todo chupado. No puedes hacer ni un puzzle, porque en un segundo ya lo tienes terminado. Me pongo a jugar al baloncesto y las meto todas, y nadie quiere jugar conmigo...y así con todo. Satán: Uf, tu vida es muy dura. Y así estuvimos, de charla. Se nos pasaron los cuarenta días volando, porque al ser dos seres eternos y hacer mucho tiempo que no nos veíamos, teníamos muchas cosas que contarnos. No es tan mal tipo Satán.

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