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Mis 7 reliquias favoritas

Mis 7 reliquias favoritas

La Sábana Santa se expone en la Catedral de Turín

EFE La Sábana Santa se expone en la Catedral de Turín

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Las reliquias han sido objeto de adoración, disputas e incluso cruentas batallas. Muchas veces su solo descubrimiento daba origen a la construcción de un santuario o incluso una ciudad. ¡Chúpate esa, Justin Bieber! Estas son mis favoritas.

7. La Cabeza de San Juan Bautista.

Todos sabéis que San Juan Bautista fue un tipo que perdió la cabeza por culpa de una mujer. Literalmente. Pues bien, los musulmanes dicen que tan venerable testa se encuentra en la mezquita de los Omeyas, en Damasco. En cambio los cristianos sostienen que está en la capilla de San Silvestre. Como está separada del cuerpo tiene algo afectadas las cuerdas vocales y no puede hablar para sacarnos de dudas. Tampoco puede escribir porque hay 63 dedos suyos repartidos por ahí. Era un santo con mucha "mano".

6. La Sábana Santa.

¡Qué os voy a decir que no sepáis sobre tan controvertida reliquia! ¡Si hasta ha dado lugar a una corriente de estudio denominda sindonología! Hay quien afirma que es el lienzo sobre el que envolvieron mi cuerpo en el sepulcro, pero los malditos científicos le hicieron tres veces la prueba del carbono 14 y las tres dataron la tela entre los siglos XIII y XIV, precisamente la época de su primera aparición histórica documentada. Yo la verdad es que no me acuerdo. De mi resurrección sólo recuerdo que tenía mucho hambre: si leéis la Biblia veréis que me pasaba todo el tiempo apareciendome a mis discípulos y preguntándoles si tenían algo de comer.

5. El Santo Prepucio.

Increíble, pero cierto. Como cualquier judío, fui circuncidado al poco de nacer, y en lugar de olvidaros del dichoso pellejo os dio por venerarlo. ¡Claro, al subir al cielo fue lo único que dejé de mi cuerpo en la Tierra! Bueno, eso si no hacemos caso al famoso teólogo León Alacio, que afirmó que mi santo prepucio ascendió al Cielo también y se convirtió ¡en uno de los anillos de Saturno! Tras las Cruzadas se decía que había 17 santos prepucios circulando por ahí. Uno muy famoso fue el del pueblo italiano de Calcata, que se estuvo sacando en procesión hasta 1983, en que la sagrada reliquia ¡fue robada! ¿Dónde estará? Santa Catalina de Siena tenía visiones en las que se casaba conmigo y yo le colocaba mi prepucio como anillo de bodas. Claro,que peor era lo que hacía Sor Agnes Blannbekin en el siglo XVIII, que comulgaba con él, gozando hasta el delirio con su sabor "dulce y carnoso". A mí todo esto me suena a pecado, y de los gordos.

4. Mi cordón umbilical.

He mentido antes cuando he dicho que mi santo prepucio era el único trozo de carne que me dejé aquí abajo antes de subir al Cielo. ¡Además de amputarme la punta de mi santo miembro, también me cortaron el cordón umbilical, claro! Hoy se le rinde culto en la iglesia de Santa María de Popolo, en Roma, pero debí tener tres ombligos, porque dicen que hay otros dos cordones en San Martino y Chalons.

3. Gotas de leche de mi madre.

También en la iglesia de Santa María de Popolo tienen varias gotas de leche de mi santa madre. ¡No les falta de nada! Pero no sólo allí: en muchos otros sitios como la mismísima catedral de Oviedo afirman guardar restos del líquido elemento.

2. La mano de Santa Teresa de Ávila.

Hay quien duerme con un peluche, y hay quien duerme con la mano de una santa. El dictador Francisco Franco era de los segundos. En 1937 adquirió la codiciada reliquia tras haber sido robada en un convento de Ronda y desde entonces no se separó ni una noche de ella. La llevaba allá donde iba, hasta el día de su muerte.

1. La pluma del arcángel Gabriel.

A pesar de que esté a favor de los gays ( me llevé doce tíos al huerto y creé el arco iris), no quiero decir que el arcángel tuviera pluma, pues ya sabéis que los ángeles no tienen sexo, sino que se le cayó una cuando luchaba contra el mismísimo diablo y la guardásteis en el Monasterio de El Escorial, hasta que desapareció a principios del siglo XX. Y es que dicho monasterio tenía una sala que exhibía la mayor cantidad de reliquias de toda Europa, ¡alrededor de 5000! Estas son siete, el número divino, pero hay muchas más, podría llenar páginas y páginas: la cola del burro que monté al entrar en Jerusalén, mis santos pañales, 64 de mis dientes de leche ( tenía más que un cocodrilo) ,un relicario con los rayos de la estrella de Belén, la oreja de San Pedro, más de 800 espinas de mi cruz, 460 de las 30 monedas de plata con que pagaron a Judas, tres lanzas que atravesaron mi costado, más de 10 coronas de espinas, varios Santos Griales, las tetas de Santa Agueda en una bandeja, la Santa Sangre de Cristo, los pelos de la barba de Belcebú, un suspiro de San José, un estornudo del Espíritu Santo, un brazo de María Magdalena y cualquier cosa que podáis imaginar. ¡A lo mejor pronto este artículo es una reliquia también!

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