Corren malos tiempos para la libertad artística y de expresión, especialmente en las redes sociales, donde la censura es cada día más fuerte. Twitter y su estúpido algoritmo no paran de cerrar cuentas y eliminar tuits por contener ciertas palabras prohibidas, y Facebook e Instagram son más puritanos que el mismísimo Vaticano y no permiten ni un pezón, aunque esté contenido en una obra de arte. Es la Inquisición 2.0, amigos.

Todo esto me ha venido a recordar lo que hizo el genio de Miguel Angel con alguien que se atrevió a censurar su obra, retratándolo como era, ¡un burro!

Estoy hablando de su famoso fresco de El Juicio Final, en la bóveda de la Capilla Sixtina, el cual fue motivo de escándalo por contener numerosos desnudos, algunos en posturas comprometidas. Los puritanos de la época pusieron el grito en el cielo e intentaron destruirlo. Finalmente, encargaron a un discípulo de Miguel Angel, Daniele da Volterra, la colocación de “paños de pureza” a todos los personajes. Desde entonces, Daniele ha pasado a la historia con el nombre de el "Braghettone" ( pintacalzones).

Entre los principales promotores de tamaño ultraje artístico estaba el maestro de ceremonias del Papa, Biagio de Cesena, y Miguel Ángel decidió otorgarle su justo castigo. En la parte inferior derecha de la escena, en la entrada a los infiernos, el maestro representó a Minos, rey del Infierno, desnudo, con una serpiente enroscada a su cuerpo y con orejas de burro, ¡y con los rasgos faciales de Biagio!

 

Cuentan que el prelado acudió lloroso al Papa Paulo III para que ordenase a Miguel Angel retirarlo del mural, y que éste, con sentido del humor, le respondió:

"Querido hijo mío, si el pintor te hubiese puesto en el Purgatorio, podría sacarte, pues hasta allí llega mi poder; pero estás en el infierno y me es imposible".

¡Teníamos que hacer como Miguel Angel y rebelarnos hoy también contra la censura!