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Los 7 objetos mágicos de la Biblia

Diostuitero nos descubre los objetos mágicos que aparecen en la Biblia.

Leyendo la Biblia

Pixabay Leyendo la Biblia

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La Biblia, como toda obra de fantasía, está poblada de objetos mágicos. Objetos tan poderosos que, como el anillo de Sauron, serían peligrosísimos en las manos equivocadas. ¿Quieres saber cuáles son?

7. La vara de Moisés.

Todos habéis oído hablar de Gandalf y su famos bastón. Pues bien, antes que Gandalf, y con un look muy parecido, estuvo Moisés con su famosa vara. Era una vara mucho mejor que la del mago del Señor de los Anillos: hacía caer “truenos y granizo y fuego sobre la Tierra”, o te enviaba una plaga de langostas que te dejaban los campos listos para ser declarados zona catastrófica. Si solo querías intimidar al personal, la vara se convertía en serpiente, y alargando la mano volvía a su forma original. También servía para separar las aguas, como en el famoso milagro del Mar Rojo, y para hacerla brotar de las rocas. Eso sí, había que dar un sólo golpe. Si no te leías bien las instrucciones y dabas dos, como hizo el pobre Moisés, yo me cabreaba y te condenaba a no ver la Tierra Prometida. Así soy yo.

6. El Arca de la Alianza.

Era tan importante, que Indiana Jones se tiró una película entera buscándola. Era donde yo moraba, y si la tocabas, morías. Y no es broma: en tiempos del rey David unos porteadores la transportaban sobre un carro. Los bueyes tropezaron, y uno de los porteadores, Uzá, alargó su mano para evitar que se estampase contra el suelo. Pues bien, dice la Biblia que yo me enojé por haber tocado mi casita que le fulminé allí mismo. Soy un desagradecido, lo sé.

5. El Santo Grial.

También se tiraron toda una peli buscándolo, en Excalibur. El rey Arturo y sus caballeros estaban flipadísimos con la copa donde bebí en la Última Cena. Y todo porque un tal Robert de Boron escribió en el siglo XII una obra llamada “Joseph d' Arimathie”, en la que contaba que después de resucitar yo me aparecí a José de Arimatea y le entregué el cáliz con el encargo de que lo llevase a Britania. ¿Qué se me habría perdido por allí?

4. El Manto de Elías.

Elías fue un profeta super importante, de los de clase VIP. De hecho, cuando me transfiguré en el monte Tabor, los únicos profetas a los que invité fueron él y Moisés, los dos más grandes. Fue un gran tipo que iba por ahí haciendo milagritos, hasta que un día un carro de fuego se lo llevó al cielo. Es el único que ha subido al cielo en taxi. Pues bien, antes de subir le regaló su manto a su discípulo Eliseo, lo que significaba nombrarle sucesor. ¡Y acertó, porque Eliseo llegó a realizar muchos más milagros que su maestro! ¡Incluso resucitaba a personas y multiplicaba la comida como yo! Su primer milagro, ese que nunca se olvida, fue utilizando el manto de Elías. ¡Mojó su punta en las aguas del Jordán y las separó como Moisés!

3. La Mesa del Rey Salomón.

Entre el famoso mobiliario del templo de tan famoso rey, destaca esta mesa, que ha sido objeto de numerosos libros, estudios e incluso alguna película. Cuenta la leyenda que fue construída por el mismísimo Moisés, siguiendo mis estrictas indicaciones, como si de un catálogo del IKEA se tratase, y que en ella el rey sabio escribió todo el conocimiento del Universo y el verdadero nombre de Dios, aquel que no debe ser pronunciado, y que el que encuentre esa mesa obtendrá el conocimiento absoluto, pero a la vez el fin del mundo estará entonces muy próximo. ¡Pues vaya negocio!

2. La túnica de Jesús.

Al parecer, no solo yo, sino también mis ropas tenían propiedades mágicas. Narra la Biblia que estando yo un día en medio de la multitud, se acercó por detrás de mí una mujer que padecía “flujo de sangre”, sin que yo me enterara, aunque era Dios. Continúa mi libro, según San Lucas: “44 se le acercó por detrás y tocó el borde de su manto; y al instante se detuvo el flujo de su sangre. 45 Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que con él estaban: Maestro, la multitud te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado? 46 Pero Jesús dijo: Alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mí.” ¡Me birlaban los milagros y ni me enteraba! Menos mal que me subí al cielo enseguida, aquello era un cachondeo.

1. La lanza de Longinos.

Cuentan que era tan poderosa que Napoleón la buscó, y hasta el mismísimo Hitler no paró hasta conseguirla. Era la lanza con la que el centurión Longinos me atravesó en la cruz, y la leyenda decía que aquel que la sostuviese sostendría el destino del mundo. Hay quien afirma que Carlomagno y Federico “Barbarroja”, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, tras obtener numerosas victorias, fallecieron poco después de que tan preciada arma se les cayese al suelo. ¡Y algo parecido le pasó a Hitler! El mismo día que los americanos encontraban la lanza en Nuremberg, donde el sanguinario dictador había ordenado enterrarla bajo una bóveda construida especialmente, éste se suicidaba pegándose un tiro. Hoy la lanza se encuentra en el Museo Hofburg de Viena. ¡Cuidado!

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