En la Iglesia tenemos santos muy raros, y uno de ellos es Longinos, un tipo que me clavó una lanza.

Se conoce tan poco del personaje que muchos aseguran que nunca existió, ya que de los cuatro evangelios, tres no lo mencionan, y su historia solo viene recogida en el Evangelio de Juan, el más tardío de todos.

Juan cuenta que, estando yo en la cruz, como me vieron "ya muerto", "uno de los soldados" me clavó una lanza en el costado, "y al instante salió sangre y agua". Vale, lo del agua es un poco raro, pero hay que tener en cuenta que Juan o el que demonios escribiese esto ( le llamamos Juan pero nadie sabe quién fue) tenía conocimientos de anatomía del siglo I.

La tradición asciende a este soldado en la clase militar, ya que le identifica con el centurión del evangelio de Marcos que afirmó al pie de la cruz: "En verdad este era el hijo de Dios". ¡Coño, pues podía haberse dado cuenta antes de ensartarme como un pincho moruno!

Este lumbreras siguió ascendiendo y la Iglesia católica le convirtió en santo, y le llamó Longinos, nombre que aparece por primera vez en el Evangelio apócrifo de Nicodemo. Sí, hijos míos, en la Iglesia renegamos de los apócrifos, pero muchas de las tradiciones que veneramos las hemos cogido de ellos. Es que eran muy imaginativos y andábamos cortos de material.

Al culto de Longinos se le incorporaron leyendas muy chulas, como que tenía problemas de visión y al contacto con mi sangre empezó a ver perfectamente. También se dice que le cortaron la lengua pero siguió hablando y predicando mi palabra como si nada, hasta que le cortaron la cabeza y ahí ya no pudo seguir. Hasta para los milagros existen límites.

Su lanza, la Lanza de Longinos, también se hizo muy famosa, casi tanto como el Santo Grial. Es tan milagrosa que está en varios sitios a la vez: en el Vaticano, en Viena, en Alemania, en Cracovia...hay más lanzas por ahí que en el cuadro de la Rendición de Breda, y todas y cada una son la verdadera.

¡Es una arma tan mediática que incluso sale en la película de Hellboy!, ¿os acordáis?

Algunos insensatos afirman que Hitler inició la II Guerra Mundial para hacerse con la poderosa reliquia. En realidad eso es algo que se inventó un tal Ravenscroft en su bestseller de 1973 "La lanza del destino", pero puestos a creer cosas locas, ¿qué más da?

VER MÁS: Clase de religión con Diostuitero