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Las cartas de San Pablo que la Iglesia nunca lee

Las cartas de San Pablo que la Iglesia nunca lee explicadas por Diostuitero.

San Pablo escribiendo su Epístolas, siglo XVI (Blaffer Fundación Colección, Houston, Texas)

Wikipedia San Pablo escribiendo su Epístolas, siglo XVI (Blaffer Fundación Colección, Houston, Texas)

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El otro día estuve en una boda. No como Dios, entendedme, sino en mi versión más actual y mortal. Tranquilos, no me casaba, no acostumbro a cometer desatinos. Os lo cuento porque en dicha boda se leyó un fragmento de una carta de mi querido San Pablo que siempre se lee en casi todas: aquel tan poético de la Primera Carta a los Corintios que dice aquello tan romántico de que sin amor no somos nada. Un texto políticamente muy correcto, pero....¿conocéis otros de la correspondencia de mi apóstol que la Iglesia no lee nunca en público y que no lo son tanto?

Vienen en la Biblia: En la misma Primera Carta a los Corinitios ( 14:34) encontramos esta perla sobre las mujeres: “Que las mujeres guarden silencio en las reuniones; no les está, pues, permitido hablar, sino que deben mostrarse recatadas, como manda la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten en casa a sus maridos, pues no es decoroso que la mujer hable en la asamblea.” No os creáis que dijo eso porque tuvo un mal día, en la Primera Carta a Timoteo (2:11) le dice a su discípulo: “Que la mujer aprenda sin protestar y con gran respeto. No consiento que la mujer enseñe ni domine al marido, sino que debe comportarse con discreción. Pues primero fue formado Adán, y después Eva. Y no fue Adán el que se dejó engañar, sino la mujer que, seducida, incurrió en la transgresión.

En esta misma Carta (1:4) no se muestra muy a favor del ejercicio físico: “Los ejercicios corporales no sirven para gran cosa, mientras que la religión es útil para todo.” A lo mejor os sorprende saber que también estaba a favor de la esclavitud, como vemos en su Carta a Tito (2.9) que nunca escucharéis en misa: “Que los esclavos estén sometidos en todo a sus dueños, que sean complacientes y no les contradigan." La Carta a los Romanos (1:26) es un poquito homófoba: “Así pues, Dios los ha entregado a pasiones vergonzosas. Sus mujeres han cambiado las relaciones naturales del sexo por usos antinaturales; e igualmente los hombres, dejando la relación natural con la mujer, se han abrasado en deseos de unos por otros. Hombres con hombres cometen acciones ignominiosas y reciben en su propio cuerpo el pago merecido por su extravío.” Os sorprenderá también comprobar cómo San Pablo estaba a favor de que los curas se casasen.

¡A ver si se enteran en el Vaticano! Lo dice en su Carta a Timoteo (3:2) “Es preciso que el obispo sea un hombre sin tacha, casado solamente una vez…que sepa gobernar bien su propia casa, y educar a sus hijos con autoridad y buen juicio…los diáconos han de ser hombres casados una sola vez, que sepan gobernar bien a sus hijos y sus propias casas.” Y para finalizar, seguro que tampoco os lee nadie en misa este fragmento de la Primera Carta a los Tesalonicenes ( 4;16), donde anunciaba mi segunda venida mientras él viviera. ¡Parece que no acertó! “Porque el mismo Señor con aclamación, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero: Luego nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

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