Este fin de semana tuve la suerte de visitar Granada con unos buenos amigos. Por supuesto, subimos a la Alhambra, y allí me encontré algo que no esperaba. Justo antes de que cerrara, entramos en la Iglesia de Santa María, una de las edificaciones del recinto, y a la derecha, en penumbra (si querías luz tenía que introducir monedas, como no), mientras mis compañeros de viaje caminaban distraídamente por ahí, me fijé en un gran cuadro colgado en la pared que parecía contener algo especial. Me acerqué y vi que mostraba una imagen de un Cristo crucificado, pero no al estilo clásico que estamos acostumbrados a ver en las iglesias.

Jesús colgaba amarrado con unas cuerdas, y tanto su postura como la propia cruz y resto de elementos mostraban un gran realismo y cierto efecto macabro. Me pareció estar ante una gran obra, y cuando me acerqué al cartel informativo, me llamó la atención su título: "Cristo en la Cruz", también conocido como "El Cristo de Kennedy", (1964) de Benito Prieto Coussent. Y en efecto, a los pies del Cristo, aparecía dibujado un libro con la imagen del presidente americano en actitud orante. Y dicho libro, agujereado con un balazo.

He investigado algo sobre dicho cuadro (expuesto anteriormente en la Biblioteca Museo Kennedy de la Universidad de Harward) y su historia es tan interesante como él mismo.

Pintar a un Cristo de la forma en la que pudo estar realmente en la cruz y no como suele representarse en el arte sacro fue una obsesión para Benito Prieto Coussent. Elaboraba múltiples proyectos que destruía, descontento con el resultado. Para lograr la postura anatómica perfecta utilizó modelos humanos, vivos y muertos, que le eran facilitados por el hospital San Juan de Dios.

El "Cristo de Kennedy", pintado como homenaje al presidente asesinado el año anterior, al que Coussent consideraba un "pacificador", es el cuarto de sus cuatro famosos "Cristo en la Cruz".

Nada más comenzar el primero se encontró con la oposición del párroco de El Padul, localidad donde vivía, quien consideró que eso de representar a Cristo colgado en dos palos de madera y no clavado en una cruz como Dios manda era algo blasfemo, e inició una cruzada contra el cuadro, con cartas, rezos y demás, lo que llevó al pintor a tener que presentarse ante una tribunal de teólogos y consultores presidido por nada menos que un cardenal, que afortunadamente dio el visto bueno.

El cuadro, aunque nunca estuvo exento de polémica, obtuvo un gran éxito. Fue presentado (y premiado) en la Exposición Nacional de Bellas Artes de Madrid de 1948, y a Salvador Dalí, antiguo compañero de estudios del autor, le gustó tanto, que le propuso colaborar juntos en futuras obras de crucificados, a lo que Benito se negó, porque sabía que Dalí, genio pero también siempre ávido de dólares, era muy de apropiarse el trabajo ajeno.

De este primer cuadro, Benito realizó tres versiones más, siendo este "Cristo de Kennedy" la cuarta de ellas. Actualmente está considerado por la crítica una de las obras más importantes del arte religioso del siglo XX.

Benito fue un gran retratista también: realizó retratos de El Cordobés, Ramón Menéndez Pidal, Alejandro Vallejo Nájera...y uno del mismísimo Manuel Fraga que no pudo acabar( ignoramos si logró que se callara mientras posaba). También realizó hasta 24 retratos de gente mucho menos conocida y más desafortunada: sus compañeros de presidio durante la Guerra Civil, muchos de ellos ejecutados poco después. El propio Benito se salvó por los pelos. Tenía que pintarme.