Los prepucios son algo muy importante en la Biblia, no en vano, cuando realicé mi alianza con Abraham, de todas las cosas que le podía haber pedido me fijé solamente en una: le exigí su prepucio a él y al resto de su descendencia.

Cuando el futuro rey David le pidió al entonces rey Saúl la mano de su hija Mical, éste le pidió como dote cien prepucios de filisteos (1 Samuel 18:25), pensando que esos salvajes le matarían en el intento. Pues bien, David era un más chungo que Conan el Bárbaro y no le trajo cien, ¡le llevó doscientos! Y se casó con Mical.

En la Biblia nos gustan tanto esos pellejitos que hasta tenemos una colina que se llama "La Colina de los Prepucios". Es nombrada en el Libro de Josué ( 5:3), y se cuenta que allí este buen hombre hizo cuchillos de piedra y se puso a circuncidar a todos los israelitas. ¡Debió ser algo digno de verse!

A veces los prepucios salvan vidas. Como en aquel episodio del libro del Éxodo en el que me volví loco y quise matar a Moisés:

"4:24 Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro, y quiso matarlo.

4:25 Entonces Séfora tomó un pedernal afilado y cortó el prepucio de su hijo, y lo echó a sus pies, diciendo: A la verdad tú me eres un esposo de sangre.

4:26 Así le dejó luego ir. Y ella dijo: Esposo de sangre, a causa de la circuncisión."

En otras ocasiones, los prepucios causan muertes. El libro del Génesis (34:1) cuenta una historia preciosa al respecto. Jacob tenía una hija llamada Dina, la cual un día salió a dar una vuelta al campo y fue violada por el príncipe de la zona, un tal Siquem. En la Biblia, si violabas a una chica podías casarte luego con ella por el módico precio de 50 siclos de plata (lo establecí yo mismo en el Deuteronomio), y Siquem, aunque todavía no se había escrito ese libro, le propuso matrimonio a la pobre Dina. Es más, propuso que todos sus hermanos se casasen con las hijas de Jacob, y los hijos de Jacob con las jóvenes de su familia. ¡Maravilloso!

Jacob y sus hijos aceptaron, pero con una condición: que tanto Siquem como su padre y todos los varones de la ciudad que gobernaban se circucidasen. Estos aceptaron encantados, y cuando más dolores tenían, dos hijos de Jacob, Simeón y Leví, cogieron su espada y los mataron a todos. ¡Es Palabra de Dios!