Con las religiones pasa una cosa muy curiosa, y es que se supone que hay un solo Dios y una sola verdad revelada pero das una patada y te salen tropecientas confesiones distintas. La culpa es mía por bajar a la Tierra solo un rato y hace muchos años. Sé que prometí una segunda venida y que debería bajar a poner orden, pero no me atrevo no sea que me crucifiquéis otra vez.

Ya desde que me fui surgieron cientos de herejías, pero montaron mi club en Roma ( maldita sea, la ciudad de los que me crucificaron) y surgió el catolicismo, que campó a sus anchas hasta que vinieron los cismas.

Uno de los primeros, y muy importante, fue el Cisma de Oriente. Los Patriarcas de Oriente no admitían la autoridad del Papa sobre la suya y decidieron reconocerle sólo como un "primus inter pares", o primero entre iguales. Pero el Papa de Roma con eso de que era mi representante en la Tierra estaba un poco endiosado y dijo que no. Además andaban discutiendo sobre una cláusula del Credo, el famoso "Filioque", que afirma que el Espíritu Santo proviene tanto del Padre como "del Hijo”. Los de Roma defendían la cláusula y los de oriente no, y así surgió la Iglesia Ortodoxa.

Los ortodoxos tienen un calendario y un santoral distinto que los católicos, lo cual me crea mucho lío en el cielo. A veces veo a gente por allí y no se si es santa o no, con lo cual no sé qué tratamiento darles. Y con el calendario, otro lío, nunca sé si estamos en Navidad o Semana Santa, porque cada credo lo celebra en fechas distintas.

La iglesia ortodoxa admite a curas ya casados, pero no admite el matrimonio una vez uno es ordenado sacerdote, una cosa bastante loca pero en todo caso mucho mejor que el riguroso celibato de los católicos.

Otra diferencia es que, aunque tanto católicos como ortodoxos creen en la Asunción de mi madre (su subida en cuerpo físico al cielo, sin motor), los católicos se ponen serios y lo consideran dogma y los otros no.

Por si había poco follón, en el siglo XVI vino Lutero, vio el negocio que tenían montado en Roma con las indulgencias y el Purgatorio, y de tanto que protestó surgió el protestantismo. Y no sólo eso, la gente se puso respondona y surgieron también el calvinismo y el anglicanismo, que fue el Brexit religioso que le montó Enrique VIII a Clemente VII.

Los protestantes no creen en los Papas: ellos no defienden la existencia de una estructura jerarquizada que culmine con un tipo a la cabeza que sepa más que nadie. No les van los cuñados.

Para los protestantes la única fuente de revelación divina es la Biblia, en cambio los católicos admiten también “la tradición”. Los protestantes dicen que uno se salva solo por la fe, los católicos añaden también, por las obras.

Los católicos tienen siete sacramentos, los protestantes dos: bautismo y comunión. ¡En el protestantismo no tienes que confesarte!

En general los protestantes son de menos parafernalia, y rechazan la veneración de imágenes y reliquias.

Además permiten a sus curas casarse, es más, ¡el propio Lutero se casó con una monja!

En el tema del culto a la virgen también difieren, en el catolicismo mi madre es mucho más importante. Los protestantes, como son menos dogmáticos, rechazan los Dogmas de la Asunción y de la Inmaculada Concepción ( que mi madre naciese sin el pecado original).

Y en cuanto a la comunión, son menos caníbales: por lo general rechazan la transubstanciación ( que la hostia contenga mi cuerpo), y defienden que solo figura mi espíritu e incluso que es algo simbólico.

Y bueno, habrá muchas cosas más, pero yo ya me pierdo con vosotros. ¡No hay Dios que os entienda!