Por estas fechas proliferan los roscones de Reyes y siempre surje la misma pregunta: ¿por qué les ponen fruta escarchada? ¿A quién le gusta la fruta escarchada? ¿Quién inventó esa aberración?

La fruta escarchada es el resultado de saturar de azúcar algo que ya lleva azúcar de por sí: la fruta. De este modo, pierde su humedad interior y se evita el crecimiento de microbios que la pudren.

En la Antiguedad esto tenía un pase, porque era el único método de conservación de la misma que se conocía, pero ¿ahora?

¿Y por qué esa manía de añadirla al delicioso roscón? Al parecer, la maldita fruta escarchada se adhiere muy bien al roscón cuando éste se cocina, sin derretirse como otras golosinas ( son como Terminator, no hay quien acabe con ellas), y muchos dicen que su aspecto recuerda a las gemas y piedras preciosas que los Reyes Magos llevaban en sus coronas y vestimentas.

La fruta escarchada solo suele gustarle a tu padre o a tu abuela: ellos vivieron la posguerra y saben lo que es pasar privaciones, así que jamás tiran nada a la basura: fruta escarchada, cabezas de pescado, casquería inimaginable...su paladar resiste todas las pruebas del infierno. El resto de los miembros de la familia se dedican a despegarla exhibiendo dotes de cirujano, porque tanto su sabor como textura son algo que no tienen perdón de Dios.

El Roscón de Reyes además es algo así como un campo de pruebas. Los pasteleros no se conforman con estropearlo a base de fruta escarchada: además le introducen una figurita de porcelana, la sorpresa, que si bien le da emoción al asunto y provoca la alegría de los más pequeños cuando les toca, también es causa de numerosos conflictos familiares. He visto disputas milimétricas acerca de si la sorpresa estaba en una porción u otra en el que solo hacía falta pedir el ojo de halcón. Es algo así como discutir por las lindes de la tierra pero con cucharas en lugar de escopetas. Y eso por no hablar del típico tramposo que se dedica a realizar prospecciones pinchando todo el roscón y dejándolo como un queso gruyere. ¡Y además nunca acierta!

Pero el tierno y esponjoso roscón no es sólo mancillado por la fruta escarchada y la sopresa: los pasteleros también le introducen en ocasiones otro elemento de conflicto que afortunadamente ya se está perdiendo pero que era tradición: el haba de la desgracia. ¡El que se encontraba el haba en su trozo tenía que pagar el roscón entero! En este caso las disputas eran como en el caso de la sorpresa pero al revés: ¡nadie reclamaba que el haba perteneciese a su pedazo!

Dicen que el origen del haba dichosa está en la fiesta de las Saturnales romanas, y al que le tocaba era nombrado “Rey de Reyes”, ¡como yo! Al menos los romanos le añadían higos, dátiles y miel, ¡y no la maldita fruta escarchada!

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