Todos sabéis que en la iglesia somos un poco machistas, ya sabéis: le echamos a la mujer la culpa de lo de la manzana y los católicos no les dejan ser sacerdotes y mucho menos Papas. Desde San Pedro, el supuesto primer jefe de mi multinacional, hasta nuestros días todos mis representantes en la Tierra han sido hombres. ¿Todos?

Circula una historia desde la Edad Media que afirma que hubo una mujer que llegó a Papa, escondiendo su sexo, claro, y haciéndose pasar por hombre: la Papisa Juana.

Cuentan los cronistas que esta buena mujer, nacida en la actual Alemania allá por el 822 después de mí, era la hija de un predicador a la que le gustaba tanto ese rollo que decidió hacerse pasar por varón para convertirse en monje. Empezó como copista, y como no se le daba nada mal, fue haciendo contactos e inició una meteórica carrera eclesiástica, llegando a Roma y siendo elegida Papa.

Todo iba como la seda, pero Juana se echó un noviete cardenal y se quedó embarazada, y ¡se puso de parto en mitad de una procesión! La plebe no se tomó demasiado bien el engaño y la lapidó allí mismo (según alguna versión, existen otras menos salvajes).

Para evitar tremendo bochorno en el futuro, dicen que la Iglesia creó un sistema para asegurarse de la virilidad de los siguientes Papas. Idearon una silla con un agujero en el fondo, donde sentaban al recién elegido Papa y a continuación un nuevo cargo eclesiástico, el "Palapati", se encargaba de revisar manualmente los genitales del afortunado. Si todo estaba correcto, exclamaba: "Duos habet et bene pendentes" ( tiene dos y culgan bien), a lo que los asistentes contestaban "Deo Gratias" ( Gracias a Dios). Como veis, hubo gente que de lo de tocar los cojones hizo su profesión.

No me digáis que no es divertida esta leyenda. Porque tanto la existencia de la propia Juana, como el método palpatorio, no son más que eso, una leyenda. La silla con el agujero existe, es verdad, pero no era más que un retrete Papal, y de la Papisa Juana no da constancia ninguna fuente histórica contemporánea del papado. Vamos, que es todo fake news, para que veáis que no se han inventado ahora, hijos míos.