Exhumar tiranos no es algo de ahora, por eso hoy os traigo la curiosa historia de la exhumación de Nerón.

¿Qué os puedo contar de Nerón que no sepáis? Era un tipo muy majo que asesinó a su propia madre Agripina, a sus dos esposas Octavia y Popea y a su hermanastro Británico, con lo que podemos decir que ser familiar suyo era un factor que te encarecía bastante la póliza del seguro de vida.

Fue acusado de incendiar Roma, y para desviar la atención, culpó y persiguió a los cristianos, lo que dio lugar a las películas de Semana Santa. También sofocó la revuelta judía del año 66 destruyendo Jerusalén y destrozando su templo, así que no es extraño que mucha gente le identifique con el mismísimo Anticristo del Apocalipsis ( el nombre de Nerón en judío suma 666 o 616, las cifras del Anticristo).

Con todo, Nerón tenía también su puntito de tío majete y, además de componer canciones y tocar la lira, se preocupó de mejorar la vida de las clases bajas e incluso redujo los impuestos; y tras el incendio llegó a acoger a la gente que había quedado sin hogar en su mismísimo palacio y abrió un fondo para alimentos. Era un amor.

En todo caso, en el año 68 Nerón fue declarado enemigo público y obligado a suicidarse en las afueras de Roma, donde fue enterrado. Pero a Nerón le pasó como a Elvis, mucha gente no se creía que hubiese muerto, sobre todo en la zona oriental del Imperio, donde llegaron a surgir tres falsos Nerones que crearon más de un conflicto político. Pero no, Nerón estaba muerto y bien muerto.

Cuenta la tradición que en el lugar de su enterramiento, sobre sus huesos, creció un bello nogal, y que su fantasma se aparecía, de tal manera que se convirtió en centro de encuentro de brujos y hechiceros que venían a consultarle.

Así estuvo la cosa durante unos mil años hasta que el Papa Pascual II ( 1099-118) se cansó y pidió a la población de Roma que ayunase tres días a ver si le venía la inspiración para acabar con el asunto. ¡Y funcionó! Al tercer día se le apareció mi madre la Virgen y le susurró al oído lo que tenía que hacer: taló el dichoso nogal, desenterró los huesos de Nerón y los lanzó al río. La exhumación fue un éxito y se acabaron las tonterías.

Años después, otro Papa, Sixto IV, erigió sobre aquel emplazamiento la iglesia de Santa María, en la Piazza del Popolo, y si la visitáis podréis observar una pintura que representa al bueno de Pacual II clavándole el hacha al famoso nogal de Nerón.