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Esos malditos apócrifos

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Todos habéis oído hablar de ellos. Mi Iglesia decidió que debían ser cuatro los Evangelios, "porque cuatro eran los vientos de la Tierra" según decía San Irineo, pero hay muchos más. Roma dice que los otros son falsos, los estudiosos, no tanto. Y cuentan unas cosas de lo más curioso. El Evangelio de Felipe decía que yo siempre iba con mi madre, con mi tía y con Magdalena. Y añade: "La compañera del [Salvador es] María Magdalena. El [Salvador] la amaba más que a todos los discípulos y la besaba frecuentemente en […]. Los demás discípulos dijeron: ‘¿Por qué la amas más que a nosotros?’ El Salvador respondió y les dijo: ‘¿Por qué no os amo a vosotros como a ella?" El hueco lo deja a posta, no penséis que se le cayó el café a algún copista y se perdió. No, es que el escriba era un tipo discreto. Pero eso son locuras del tal Felipe ese, que además soltaba perlas tan raras como ésta: "Los que dicen que el Señor primero murió y resucitó, se engañan; pues primero resucitó y [luego] murió." ¿Pero es que no se había leído leído la Biblia el tío analfabeto? Mi compañera tiene su propio Evangelio, el Evangelio de María Magdalena, donde Pedro sale todo el rato quejándose porque yo le revelo mis secretos a una mujer, y un tal Leví le tiene que decir que no sea tan machista, por Dios: "Siempre tienes la cólera a tu lado, y ahora mismo discutes con la mujer enfrentándote con ella. Si el Salvador la ha juzgado digna, ¿quién eres tú para despreciarla? De todas maneras, Él, al verla, la ha amado sin duda." El Evangelio Secreto de Marcos en cambio insinúa que yo no tenía novia. Porque tenía novio. Un chico al que resucité y le estuve enseñando una noche mi reino. “Y después de seis días le dio Jesús una orden; y cuando cayó la tarde vino el joven a Jesús, vestido con una túnica sobre el cuerpo desnudo. Y permaneció con él aquella noche, pues Jesús le enseñaba el misterio del reino de Dios...” No contento con eso, el Evangelio secreto de Marcos dice: " Y estaban allí la hermana del joven a quien amaba Jesús, y la madre de éste y Salomé; pero Jesús no las recibió.". ¡Y ojo!, porque en el Evangelio canónico de Marcos, el bueno, aparece una misteriosa figura de la que no se habla en ningún otro evangelio, en la importantísima noche de mi prendimiento en el huerto de los olivos: Entonces todos los discípulos, dejándole, huyeron. El joven que huyó 14:51 Pero cierto joven le seguía, cubierto el cuerpo con una sábana; y le prendieron; 14:52 mas él, dejando la sábana, huyó desnudo.” ¡Así acaba la historia de mi prendimiento, en lo más emocionante sale un tipo en cueros y se carga toda la tensión dramática del momento! El Evangelio de los Hebreos, que fue muy utilizado en la antigüedad, afirmaba que el Espíritu Santo era mi madre, ¡qué disparate! ¡Si todo el mundo sabe que el Espíritu Santo era la paloma! En el Evangelio de Tomás me decían que yo era “un filósofo del corazón” , como si fuese Paulo Coelho, y que quería cambiarle el sexo a la pobre Magda (en sentido figurado, que os lo tengo que explicar todo): «He aquí que le inspiraré a ella para que se convierta en varón, para que ella misma se haga un espíritu viviente semejante a vosotros varones. Pues cada hembra que se convierte en varón, entrará en el Reino de los Cielos». Y así hay más textos, si bien estos son los más importantes. También había un tal Basílides que iba diciendo que cuando Simón el cirineo me llevó la cruz yo hice magia y cambié mi apariencia por la de él y le crucificaron en lugar de a mí. ¡Habráse visto! Recuerdo que a Simón no le hizo mucha gracia, jajaja. En fin, id a misa este domingo y olvidad todo lo que acabáis de leer. ¡Hasta la semana que viene!

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