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Cuando desayunar era pecado

Había una época en que la Iglesia decía que desayunar era pecado y el motivo te va a sorprender.

Desayuno

Pixabay Desayuno

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Dicen que el desayuno es la comida más importante del día, pero durante mucho tiempo la gente no tenía tan sana costumbre e incluso se consideraba pecado.

La propia palabra, "desayuno", viene de anteponer el prefijo latino "des" a la palabra también latina "eiunare" o ayuno, con lo que desayunar sería eso: romper el ayuno. Y claro, en la Edad Media la Iglesia había establecido que no se podía comer nada antes de la misa de la mañana, que si yo estuve ayunando cuarenta días en el desierto no os iba a pasar nada a vosotros por aguantar unas horas.

Santo Tomás de Aquino escribió en su famosa "Suma Teológica" que el que ingería alimento demasiado pronto incurría en "praepropere", pecado vinculado a la gula y otras debilidades, porque se consideraba que quien no era capaz de aguantar sin comer tampoco lo era de hacerlo sin beber ( y no hablamos de agua, sino de vino o cerveza, ya que en aquella época se solía acompañar a todas las comidas del día de un buen lingotazo).

De todas formas, en la Edad Media comer varias veces al día, desayuno incluido, más que un pecado era un milagro. Quitando los privilegiados de siempre, la gente era más pobre que las ratas.

Muchos muertos de hambre solo empezaron a desayunar con la revolución industrial, y no porque les fueran mejor las cosas, sino porque el patrono descubrió que solo si sus empleados desayunaban tendrían la energía necesaria para acometer esas bonitas jornadas de dieciséis horas que se estilaban por aquel entonces, con el beneplácito de la Madre Iglesia, que decía que la vida es un valle de lágrimas y que a este mundo no se viene a disfrutar, que para eso ya está el otro.

Otro factor que popularizó el desayuno fue la casualidad, sí, la casualidad, cuando en 1898 los hermanos Kellogg se olvidaron trigo recién cocido dentro del horno y cuando se dieron cuenta del despiste y lo amasaron y volvieron a tostar de nuevo les quedaron unos cornflakes riquísimos que desde entonces toma medio mundo.

Por mi parte, nada más, solamente deciros que al desayunar no os olvidéis de bendecir la mesa, que todo lo que veis lo ha hecho un servidor. Amén.

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