1. Nací antes de mí. Sí, hijos míos, la Biblia dice que nací durante el reinado de Herodes el Grande. Pues bien, Herodes el Grande murió el 4 antes de Cristo, así que como muy tarde tuve que nacer en esa fecha. Echadle la culpa de este desaguisado a Dionisio el Exiguo, el monje del siglo V que sustituyó el cálculo del calendario de la era Diocleciana por el Anno Domini y se equivocó unos añitos.

Tampoco nací el 25 de diciembre, eso ya lo sabéis, simplemente se sustituyó la festividad romana del Sol Invicto por la mía. La Biblia cuenta que los pastores que fueron a adorarme dormían al raso, así que casi seguro que bien el mundo en verano.

2. No nací en Belén (eso es cosa de los profetas, que me querían hacer descender del Rey David), sino en Nazaret, donde vivían mis padres. Y no había mula ni buey, hasta el Papa Benedicto XVI lo desmintió.

3. Hasta el siglo IV los Reyes Magos eran dos, cuatro, seis, doce o setenta, según la tradición. Luego se fijó su número en tres, pues tres fueron los regalos que me hicieron. El rey Baltasar fue blanco hasta el siglo XVI, que cambió de raza por necesidades de marketing eclesial. No empezaron a traer regalos a los niños hasta el siglo XIX, antes eran unos agarrados.

4. La imagen actual de Santa Claus es la de un trabajador jubilado de Coca Cola, Lou Prentice. Cuando la marca encargó al pintor Habdon Sundblom unos óleos con el personaje para su publicidad navideña de 1931, éste se basó en Prentice como modelo, y años más tarde le añadió sus propios ragos nórdicos en el rostro.

5. El árbol de Navidad es la tradición más antigua que se conserva de los rituales del solsticio de invierno. Las bolas fueran creadas en el siglo XVIII por los sopladores de vidrio de Bohemia. El muérdago está considerado como un talismán que trae suerte, las piñas representan la inmortalidad, las estrellas atraen la felicidad doméstica y las campanas expresan el júbilo navideño.

6. El primer sorteo de Navidad tuvo lugar en Cádiz, el 18 de diciembre de 1812, debido a la necesidad de fondos para sostener una Hacienda pública arruinada por la Guerra de la Independencia. El Sorteo del Niño data de 1941. Esta vez la causa de la ruina fue la Guerra Civil.

7. No, la costumbre de las doce uvas no nació por un excedente de uva en Alicante en 1909. Es verdad que este hecho sirvió para extenderla, pero su origen data de finales del siglo XIX, cuando la alta burguesía española copió de su homóloga francesa la moda de brindar por el nuevo año con champán y uvas. A la vez, como forma de protesta satírica contra un bando del Ayuntamiento de Madrid de 1882 que imponía el pago de 5 pesetas a todos los que quisieran salir el día 5 de enero a esperar a los Reyes, día de jolgorio en el que estaba permitido casi todo, grupos de chulapos acuden a la Puerta del Sol a tomar las uvas con las campanadas de fin de año.