Me lo estáis preguntando muchos de vosotros. ¿Este año hay Semana Santa? ¿Si no te crucifican y no mueres no naces y tampoco hay Navidad? ¿Con el coronavirus la procesión va por dentro? ¿Harás cena con los apóstoles?

Bien, os cuento cómo estoy pasando estos días. El Domingo fui a Jerusaleń como todos los años para hacer mi entrada triunfal y me encontré o con que no había nadie por la calle. El negocio de alquiler de burros estaba cerrado, igual que el templo, así que me quedé sin dar latigazos. Aún así, me adentré en las calles y la gente me aplaudía y vitoreaba desde los balcones. Decían cosas muy bonitas sobre mi madre y algo sobre que me fuera a mi casa. No querían que me crucificaran, qué majos. Entonces vinieron dos policías romanos y me multaron ¡por estar en la calle! Yo les dije que mi Reino no era de este mundo y me fui.

Para el jueves sí tengo cena. Hemos decidido que pagaremos la multa con las 30 monedas de plata que va a cobrar Judas. En el fondo es un tío generoso y buena gente. Como no somos unos irresponsables, le hemos encargado a la Verónica que nos haga 13 mascarillas y aprovechando que soy carpintero, he hecho una mesa el triple de grande que la que teníamos, para respetar el metro y medio de seguridad. He dejado el Huerto sin olivos.

He preguntado por la crucifixión del viernes y me han dicho que sí, que los soldados romanos trabajan porque son servicios esenciales, así que otro año que no cumplo los 34.

Para el entierro, he contactado con José de Arimatea, pero está en cuarentena por el coronavirus. He hablado con él por teléfono y me ha derivado a otra funeraria que llevan unos amigos suyos de color. Me ha dicho que van vestidos de forma impecable y que realizan bailecitos. Si veo que resulta los ficho para la Semana Santa de Sevilla el año que viene.

La cueva para pasar el sábado ya está preparada, es la de todos los años: con buena ventilación y piedra corredera para resucitar mejor. Que si me entierran igual no lo cuento.

Espero que todo vaya bien. Un abrazo.