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Cómo no solucionar un caso de endemoniamiento

Diostuitero nos enseña cómo no solucionar un caso de endemoniamiento.

El exorcista (fotograma de la película)

Warner Bros. El exorcista (fotograma de la película)

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Atended porque el post de esta semana es muy importante. Como estamos en plena era de las redes sociales he visto que circulan por youtube varios tutoriales explicando cómo realizar exorcismos y demás. ¡Mucho ojo! Cualquiera no puede realizar un exorcismo, incluso yo, que soy Dios, una vez tuve un caso que no resolví nada bien. ¿No os lo creéis? Lo cuenta la Biblia, Evangelio de Marcos capítulo 5, Evangelio de Mateo 8 y Lucas 8. Juan no debió estar muy atento ese día.

Cuenta el texto sagrado que después de estar predicando a la multitud cogí una barca y me fui con mis apóstoles al otro lado del Mar de Galilea. Estaba cansado y necesitaba algo de tranquilidad, pero nada más llegar apareció un hombre ( según Mateo eran dos, quizá se había pasado con el agua que yo convertía y veía doble) “con un espíritu inmundo, que tenía su morada en los sepulcros, y nadie podía atarle, ni aún con cadenas”. Sí, amigos, aunque mis apóstoles y yo nos pasábamos la vida expulsando demonios no paraban de aparecer nuevos casos cada día. Hoy hay muchos menos porque la medicina ha avanzado una barbaridad y ya sabéis que existen los ataques epilépticos, las crisis nerviosas y demás. Pero en aquellos tiempos no lo sabíamos.

Resignado a hacer horas extra una vez más, me acerqué al tipo y me puse a hablar con el demonio que tenía que dentro. Le repetí la fórmula secreta: “Sal de este hombre, espíritu inmundo.” Pero aunque eso en algunas pelis funciona, en este caso no. Así que al ver que el demonio no hacía caso ni a Dios opté por la vía diplomática y negociadora. Tal y como cuenta la Biblia, le pregunté su nombre, para ir cogiendo confianza. Para colmo me contestó lo siguiente: - “Legión me llamo; porque somos muchos”. ¡Lo que me faltaba, más trabajo! En esa región no respetaban la regla un hombre, un demonio.

Seguimos hablando y resulta que eran unos demonios muy apegados al terruño, porque me rogaban “que no los enviase fuera de esa región”. Enseguida me propusieron una solución: vieron que había por allí “un gran hato de cerdos paciendo” y me rogaron que les enviase dentro de sus cuerpos. Dice la Biblia que eran “como dos mil cerdos”, ahí es nada.

Creo que ya estaba un poco cansado de andar negociando con unos miserables demonios, porque el caso es que me pillaron con la guardia baja y accedí. Salieron del cuerpo del hombre y se introdujeron dentro de los cerdos, los cuales se pusieron como locos y se precipitaron por un despeñadero, ahogándose en el mar. Sí, llegados a este punto ya sabréis que la Biblia muy ecologista y defensora de los animales no es.

Los que cuidaban de los cerdos fueron corriendo a la ciudad espantados a contar lo ocurrido. Al poco llegaron todos sus habitantes pidiéndome por favor que me largase de allí. Yo pensaba que no era para tanto, los judíos, igual que los musulmanes ahora, considerábamos al cerdo un animal impuro y ni lo tocábamos, pero resulta que en esa zona no eran tan religiosos y les encantaba el jamón. Y ahora por mi culpa iban a estar sin catarlo una buena temporada. Así que no sólo no logré convertir a nadie allí, sino que tuve que largarme por patas. El ex-endemoniado, agradecido, se quería venir conmigo, pero yo no quería tenerle a mi lado recordándome todos los días mi terrible torpeza, así que le dije que se fuera a su pueblo a contar los sucedido y me lo quité de encima.

Como véis, fue un fracaso de exorcismo total. Aprendí algo: en un exorcismo nunca negocies con los demonios, y mucho menos obedezcas sus indicaciones. ¡Los fulminas con el crucifijo y el agua bendita y listo!

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