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Las brujas del Valle de Tena

Diostuitero nos cuenta la historia de las brujas del Valle de Tena, unos sucesos que afectaron a más de 60 mujeres.

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Pixabay Bruja

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Todos hemos oído hablar de las Brujas de Zugarramurdi, sobre todo por la película de Alex de la Iglesia, pero en un precioso lugar del pirineo aragonés se dio en el siglo XVII otro caso sonadísimo de brujería que se convirtió en uno de los más importantes de Europa. Estoy hablando de la historia de las brujas del Valle de Tena, unos sucesos acaecidos entre 1637 y 1641 que afectaron de forma oficial a 62 mujeres ( pero fueron muchas más) y que llevaron incluso a que el rey Felipe IV enviase a la zona al mismísimo Inquisidor General, que misteriosamente falleció ( algunos dicen que hechizado) al poco de llegar y comenzar la investigación. No me digáis que no da para película también.

El caso fue sonadísimo, y se relata en un libro de mil páginas llamado "Patrocinio d anchels y combate de demonios", escrito por un tal Blasco de Lanuza en 1653, un tipo con mucho tiempo libre.

Todo comenzó con numerosas mujeres de la comarca que empezaron a presentar comportamientos extraños y a decir que estaban "poseídas por el demonio". Se cuenta que incluso 200 de ellas se pusieron un día a levitar en una iglesia. Pero no, la explicación es mucho más racional.

Había por aquellos lares un lujurioso cacique sin escrúpulos llamado Pedro de Arruebo, muy aficionado a la bebida y a abusar de cuanta joven lugareña tenía la mala suerte de caer en su camino y en el de sus dos compañeros de correrías, su sastre y su cirujano.

Este crápula amenazaba a las pobres muchachas con hechizarlas si no accedían a sus pretensiones carnales. Dotado de una gran astucia y no poco poder en la comarca, sus fechorías alcanzaron tales cotas que pronto se multiplicaron en el valle los casos de "endemoniadas", desatando una especie de histeria colectiva.

Hay quien afirma que el hecho de hacerse pasar por endemoniadas fue la única manera que tuvieron las pobres jóvenes de llamar la atención de la justicia y pararle los pies a este agresor, y lo consiguieron, pues Pedro de Arruebo fue finalmente procesado y condenado por haber "puesto el demonio en numerosos lugares y dado al diablo más de mil seiscientas mujeres" a doscientos latigazos y la pena de galeras. Las jóvenes se habían librado del verdadero demonio, el maldito Pedro de Arruebo.

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