Liopardo

Liopardo

Un día de patrulla con la policía de Twitter

Un día de patrulla con la policía de Twitter
Imagen de un agente de la Policía de Chile con varios documentos
Imagen de un agente de la Policía de Chile con varios documentos | @PDI_CHILE
FERNÁNDEZ: ¿Tu primer día de trabajo, muchacho? MUCHACHO: Sí. FERNÁNDEZ: Sí, ¿qué? MUCHACHO: Sí, señor. FERNÁNDEZ: ¿Ya no os enseñan modales en la academia? MUCHACHO: Supongo que sí. O no. No sé, señor. FERNÁNDEZ: ¿Supones?  ¿No sabes? ¿Sí? ¿No? Da cosa verte así: tan inocente e inseguro. Eres como un pajarito recién salido del nido. Tal vez no estés preparado para patrullar Twitter, muchacho. Patrullar Twitter es para hombres, no para niños. Esto no es la academia. Aquí te encontrarás con el mal personificado, aquí nadie te respetará, esto es la selva 2.0. Llevo años pateándome Twitter y he visto cosas que jamás podrías imaginar. Cuando la única preocupación que tenías era renegar del final de Lost, yo me batía el cobre con la peor calaña: cuentas trolls, fakes, ironía, sarcasmo y lo peor de todo: humor negro. Estás a tiempo de dejarlo… vete a casa, cómprate un café en Starbucks y actualiza tu blog sobre series. MUCHACHO: Estoy seguro que quiero este destino, señor. FERNÁNDEZ: Conozco tu expediente. Número uno de tu promoción. ¿Qué diablos buscas? ¡MALDITA SEA! ¿Quieres arruinar tu vida como yo hice con la mía? MUCHACHO: Señor, creo firmemente en una red de microblogging donde todos podamos convivir en paz, así me lo enseñó mi padre. FERNÁNDEZ: Conocí bien a tu padre. Éramos muy jóvenes. Los dos moderábamos un foro sobre rock progresivo. Tu padre era el mejor. Nunca permitió insultos ni faltas de respeto. MUCHACHO: No está bien que la gente pueda decir lo primero que se le pase por la cabeza, y mucho menos hacer bromas o chistes de mal gusto. No se puede ofender. FERNÁNDEZ: Los chistes son peligrosos, muchacho, alguien tiene que poner límites. Los chistes son lo mismo que la heroína en los años ochenta. Los chistes están acabando con toda una generación. No hagas chistes, muchacho, elige la vida. MUCHACHO: Sí, señor. FERNÁNDEZ: Puedes llamarme Fernández. MUCHACHO: Mi padre me habló mucho de usted. Quiero aprenderlo todo. Moverme por Twitter sin que sospechen, integrarme como uno más para saber cómo viven, qué piensan, qué comen, con qué sueñan. Y cuando menos lo esperen y suelten un chiste que pasa los límites… ¡ZAS! Atraparlos y encerrarlos hasta que se pudran. FERNÁNDEZ: Me gustas, muchacho. Yo fui como tú. Tenía tu ímpetu, tu fuerza, tus ganas… pero Twitter no es sencillo. Twitter te destroza por dentro y por fuera. Twitter acabará con todo aquello que amas. MUCHACHO: ¿Señor, se encuentra bien? FERNÁNDEZ: Yo tuve una familia. Pero eso fue hace años. Amaba a mi mujer y a mi hija. Pero me involucré demasiado en un caso. Di con una cuenta que hacía rimas con la palabra ETA. Chistes que me parecían de muy mal gusto. Lo notifiqué a mi superior, pero me decía que no había nada que investigar. En aquellos años los juegos de palabras le parecían algo inocente a la fiscalía y te cortaban las alas.  Yo no opinaba lo mismo. Los juegos de palabras son un cáncer. Y más con ETA. Me obsesioné con el caso. Pasé en Twitter muchas horas. Hasta me escondía en el lavabo para poder seguir leyendo. Tenía acorralado a aquel capullo. Pero mi mujer se fue hastiando de mi ausencia en casa. Y un buen día vi que ella y mi hija se habían ido.  Estaba solo. Y comencé a beber. Me volví un cínico. Odiada a todo el mundo. Hasta creé una cuenta b en Twitter para poder escribir auténticas barbaridades. Me había convertido en todo aquello que odiaba. MUCHACHO: Y qué pasó. FERNÁNDEZ: Cambiaron las leyes. Los fiscales aprendieron que los chistes están cargados de plomo y los jueces advirtieron que el humor mata más que el hambre y el tifus juntos. Fue tu padre el que me sacó del pozo y comenzamos de cero. Juntos  patrullábamos Twitter. Teníamos el código penal y las altas esferas de nuestra parte.  Las cosas habían cambiado: enaltecimiento del terrorismo, humillación a las victimas, delito contra sentimientos religiosos… MUCHACHO: Son cosas muy serias. FERNÁNDEZ: Son cosas muy serias sobre todo si las dices de broma. MUCHACHO: ¡Atención! Creo que tengo algo en mi time line. FERNÁNDEZ: Cuidado. Lee muy despacio el tuit, muchacho, podría ser peligroso. MUCHACHO: Dice lo siguiente: Rojos de mierda. Os vamos a dar matarile. En las cunetas tendríais que estar.” FERNÁNDEZ: No tenemos caso. Hay que seguir buscando. MUCHACHO: Tengo más por aquí. FERNÁNDEZ: Déjame a mí. Ya lo leo yo: “-Agente, ¿ha visto a mis tETAs? –No, pero me gustaría enaltecerlas”… Dios… jajajaja. MUCHACHO: ¿Qué ocurre? FERNÁNDEZ: Maldita sea, me han dado… me muero…  me muero de la risa. Precisamente el día que me jubilaba. MUCHACHO: ¡Señor! ¡NOOO! FERNÁNDEZ: Dile a mi mujer y mi hija que las amo. MUCHACHO: ¡¡NOOO!! ¡MALDITA SEA! ¡¡SEÑOR!! FERNÁNDEZ: Llámame Fernández, muchacho.
Carlos Langa | Madrid
| 27/02/2018

Los mas vistos

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar, recoger datos estadísticos y mostrarle publicidad relevante. Si continúa navegando, está aceptando su uso. Puede obtener más información o cambiar la configuración en política de cookies.