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La vital importancia del pene de Churchill en la Conferencia de Yalta

La vital importancia del pene de Churchill en la Conferencia de Yalta
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CHURCHILL:  ...Y en las escuelas a los niños varones de más de 9 años en vez de leche se les dará para beber una botella del mejor whiskey escocés. Eso en cuanto a la cuestión polaca. Y ahora, caballeros, si me permiten, me ausentaré para ir al servicio. Cuando vuelva me gustaría tratar el tema de Alemania. Pero como primera medida, propongo  cambiar su actual nombre por el de “País de Mierda”. Tiene gancho, ¿verdad?… Vengo enseguida. STALIN: Querido Roosevelt, creo que nuestro amigo Winston ha bebido algo de más. Ya le dije que si cenábamos con vino, no era necesario tomar chupitos de hierbas después. ¿Cuántos se ha llegado a tomar el camarada Churchill? ¿Doce? ROOSEVELT: Veintisiete. STALIN: Comprenderá, querido amigo, que lo que nos ocupa en esta  conferencia es de vital importancia. El futuro del mundo está en nuestras manos. Me da miedo entablar conversaciones en el lamentable estado en el que se encuentra el Premier británico. ROOSEVELT: Pues hemos pedido una ronda de Jäger, ¿digo que lo anulen? STALIN: Maldita sea, así no ayuda demasiado, usted tendría que haberse negado. Pero que traigan esos malditos chupitos. No quiero tener a malas a ese bulldog inglés. CHURCHILL: Le he oído. Eso es lo que piensa de mí. ¿Cree que soy un simple borrachuzo? STALIN: No, yo sólo quería decir que… ¿qué hace en pelotas, Mr. Churchill? CHURCHILL: Bailar claqué. Y técnicamente no estoy en pelotas, llevo sombrero. ROOSEVELT: No es un sombrero. Es un orinal. CHURCHILL: Ya decía yo que estaba muy calentito. Pero vayamos al grano. Como les anuncié, cuando ganemos la guerra Alemania, esta se pasará a llamar República de Pacotilla. ROOSEVELT: Dijo País de Mierda. CHURCHILL: ¿Dije yo eso? ROOSEVELT: Sí. Hace cinco minutos. CHURCHILL: A veces soy brillante. Me sorprendo a mí mismo. Que sea País de Mierda pues. STALIN: Bueno, en cuanto a la cuestión Alemana, desde la URSS proponemos algo diferente. Hemos pensado una división territorial, lo mismo que proponemos para Berlín. CHURCHILL: Pues dividámosla en dos. Una se llamará República Federal de Mierda y la otra República Democrática de Mierda. Quédate con la que más te guste, bigotudo. STALIN: Esto es intolerable. No pienso discutir con usted en estas circunstancias. Y, por el amor de dios, vístase. CHURCHILL: ¿No le gusto? Pues he notado que me miraba el pene. STALIN: No le he mirado el pene. CHURCHILL: Sí lo ha hecho. STALIN: Le digo que no. CHURCHILL: Y yo que sí. STALIN: Por favor, Roosevelt, dígale algo a Mr. Churchill. ROOSEVELT: A ver, la cabeza la ha girado hacia su pene. Eso es así. Pero tampoco quiero decir que usted le estuviera mirando el miembro a Mr. Churchill.  Sencillamente habrá sido casualidad que el pito de él se cruzara en la trayectoria de su mirada. Estas cosas pasan. CHURCHILL: Y ha puesto cara de deseo. ROOSEVELT: Sí, también, pero yo pensé que ese gesto podría ser por el buen camino que está tomando la guerra contra los nazis. Son momentos de esperanza. STALIN: No he mirado su pene, ni mucho menos he puesto cara de deseo. ROOSEVELT: Por supuesto, todo habrá sido un simpático equivoco. CHURCHILL: Tengo frío. ¿Me abraza? STALIN: ¡NO! ROOSEVELT: Amigos, ha llegado el Jäger, pero vista la situación, creo que no hay nada por lo que brindar, será mejor que se lo lleven. STALIN: Maldita sea, que dejen esa botella aquí. De hecho que traigan otra. Esta me la quedo yo. Es eso. Quieren jugar a ser hombretones y beber mucho. ¿No? Es eso. Pues yo me la puedo beber toda. Atiendan. Me la bebo ¡Y de un solo trago! ROOSEVELT: Stalin, ¿está bien? STALIN:ROOSEVELT: ¿Hola? ¿Me escucha? STALIN:ROOSEVELT: Si está bien, parpadee. STALIN: Creo que tengo que ir al lavabo. Discúlpenme. CHURCHILL: ¿Ese porrazo que se ha escuchado puede ser Stalin? ROOSEVELT: Cien kilos de rudo bolchevique contra el suelo de Yalta. CHURCHILL: El golpe se ha oído en todas las cancillerías europeas. ROOSEVELT: Buen trabajo, estimado amigo Churchill. CHURCHILL: Todo lo que hagamos para desquiciarle será poco. Este viejo zorro de los Urales es duro negociando. Nos jugamos mucho. Hoy sólo ha sido el primer día. ROOSEVELT: Un momento, me parece que vuelve. STALIN: ¿Sabéis qué os digo? que os quiero, os quiero mogollón, hijos de puta. Buenas noches.

Carlos Langa | Madrid | 27/02/2018

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