Señor Verne, es uno de los mejores escritores de novelas de ciencia-ficción y aventuras...

También escribí novelas románticas…

Ya, bueno, pero se le conoce mundialmente por los libros de ciencia-ficción y de aventuras…

Escribí una historia muy buena sobre una chica prostituta que conoce a un hombre muy rico con pelo canoso y él no solo se enamora de ella, sino que cambia su carácter especulador y monta una ferretería en su pueblo porque quiere aportar algo a la sociedad.

Me recuerda en algunas cosas a una película titulada “Pretty Woman”.

¿No me diga? Me cago en mi padre, si es que soy un puto precursor en todo lo que hago, ¿es mentira?

Pues eso parece. ¿Entonces se considera un visionario?

Pues ya ve que sí. Y no porque lo diga yo. Se han cumplido muchísimas de las cosas que introduje hace más de un siglo en mis libros. Por ejemplo, tal y como relaté, el ser humano ha conseguido llegar a la Luna, también hemos viajado por las profundidades del océano en submarino o el hombre hoy en día es capaz de meterse desechos por el culo y vomitar alimentos por la boca, en muchas ocasiones incluso un menú completo con postre, vino y café.

Eso no lo hemos conseguido…

Oh, ¿no me diga? Era lo que más ilusión me hacía. Demuestra que vivís todavía en una civilización decadente y tosca.

¿Cuál fue su mayor influencia?

Desde crío siempre tuve una gran curiosidad por todo lo que me rodeaba. Aunque normalmente me rodeaban muchachos de un curso superior y me daban hostias por empollón. En una de estas zurras pasé en cama una temporada larga.

¿Y allí potenció su imaginación con la lectura?

Pues no, pronto acabé todos los libros que había en casa, y estos dan para lo que dan. Realmente potencié la imaginación con una mancha de humedad que apareció en el techo de mi dormitorio. Me pasaba horas mirándola e imaginando cientos de situaciones. Podía ser tanto un cohete como un senador estadounidense con tendencias suicidas. Le debo todo a esa mancha.

¿Y es el futuro tal y como se lo imaginó?

Tengo que reconocer que el siglo XXI en muchas cosas me fascina y va más allá de todo lo que fabulé. De hecho, si en el siglo XIX me dicen que en 2018 la gente se muere durante sus vacaciones tirándose desde los balcones, dejo de escribir y me corto las pelotas.

¿Tiene alguna obra inédita que no se haya publicado y que no conozca el gran público?

Sí, claro. Es una gran historia, pero mi editor pensaba que la sociedad no estaba preparada aún. Se trata de una novelita de amor estructurada en cinco partes, concretamente en cuatro bodas y un funeral…

Me recuerda mucho a una película del año 1994…

Si es que soy la leche. ¡Yo lo anticipé todo! ¿Es mentira?

Ya veo que sí. Pero como gran aficionado a la tecnología, ¿hay algún artilugio que le sorprenda de nuestros días?

Los mecheros. Llevan ustedes la domesticación del fuego al alcance de la mano y a un solo clic. El control del fuego fue el primer paso para todo lo que conocemos hoy en día y al ser humano le costó milenios conseguirlo de forma rústica. Ahora ustedes lo transportan sin darle valor y algunos incluso se atreven a usarlos con un dibujo de una hoja de marhiuna.

Algún objeto más que le maraville?

Los cepillos de dientes eléctricos. Son la puta leche. Tú no mueves la mano, lo hacen todo ellos. Es una auténtica maravilla, ¿es mentira?

Es usted una gran aficionado a los viajes, donde se inspirar para sacar muchas de las historias que después relata, ¿está preparando alguno ahora mismo?

No, mire, no todo van a ser aventuras, ahora de lo que tengo ganas es de quedarme en el sofá, con una mantita y ver por enésima vez “Dirty Dancing”.

¿También anticipó usted en algunas de sus novelas “Dirty Dancing”?

¡Ojala!