@CARLOSLANGA

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Entrevista a George Orwell: "'1984' era un mundo terrible, pero al menos nadie subía fotos a Instagram con un 'aquí sufriendo'"

Carlos Langa entrevista al conocido escritor George Orwell, que desvela en qué se inspiró para su novela "1984".

@carloslanga | Madrid | 28/09/2018

George Orwell
George Orwell | www.revistasuburbia.com

¿Por qué escribiste “1984”?

Para hacerme el chulo.

Pero, ¿fue su conocimiento de regímenes totalitarios como el stalinismo o el nazismo lo que le llevó a dibujar ese mundo distópico?

La verdad es que me tocó vivir el momento top de las dictaduras. Mi generación sufrió opresiones high level. Después de Hitler, los demás dictadores me han parecido aficionados, como de marca blanca, unos mierdecillas… por muy sanguinarios que hayan sido nunca han llegado al grado de hijoputismo del austriaco del bigote ridículo… ¿Le gusta el termino “hijoputismo”?

Normal.

Lo he acuñado yo. Lo hice mientras estaba en las trincheras comiéndome un conejo al ajillo.

Fenomenal.

Por cierto, ¿qué me preguntaba?

¿Si eso le inspiró para su novela “1984”?

¿El conejo al ajillo? Para nada.

No. Los regímenes totalitarios…

Ah, sí, claro. Siempre quise trazar una sociedad en la que todo lo que hicieras estuviera controlado por un estado opresor y violento. Un mundo en el que las cámaras te vigilasen 24/7. Y eso es insoportable, si tienes ocho cámaras enfocándote, por cojones alguna te pilla el perfil malo.

¿Vivimos en ese mundo ahora?

No. Muchos dicen que el nuevo Gran Hermano es Google. Nada que ver. Google se parece mucho más a “Un Mundo Feliz”, de Aldous Huxley. Y sabe qué le digo: ese mundo acojona mucho más.

Pero vivir en la sociedad de “1984” era un infierno.

En parte, sí.

¿No todo era malo en “1984”?

Por supuesto que no.

Dígame algo bueno.

Por ejemplo, los cerrajeros. Por pura lógica totalitaria, este gremio estaba nacionalizado. Era de control estatal. Así que no te crujían la tarjeta de crédito si te olvidabas las llaves dentro de casa. Esa era una de las cosas buenas. ¿Ha llamado alguna vez a un cerrajero?

Por desgracia, sí.

Entonces sabe de lo que hablo y su cuenta bancaria también. En el estado planteado en “1984” un cerrajero salía gratis. Después puede que un policía te moliese a palos. Pero lo que es la minuta por abrir la puerta, ni un euro. Y otra cosa, en “1984” nadie subía fotos a Instagram en la playa diciendo “aquí sufriendo”.

¿Qué le parece que un programa de televisión se apropiase del término Gran Hermano?

Pues mire, durante un tiempo en la parrilla televisiva se podía ver un programa titulado Gran Hermano y otro llamado Crónicas Marcianas, inspirado en la novela de Ray Bradbury…

Y qué me quiere decir con ello.

Pues no tengo ni idea, pero es curioso, ¿no?

Sí, supongo. Ha mencionado las trincheras, usted combatió en la Guerra Civil española. ¿Qué recuerda?

Así es. Estuve en el bando perdedor del bando perdedor. Doble combo con tirabuzón. Eso es lo que recuerdo. Y el conejo al ajillo. Buenísimo.

¿Qué le parece la polémica sobre los restos de Franco?

¿Polémica? ¿Qué polémica? ¿Pero en su día no lanzaron los restos del dictador a una ciénaga y después la ciénaga a una incineradora y después esta incineradora a otra ciénaga?

Esto… no. Franco descansa en un mausoleo construido para mayor gloria de él y su régimen fascista.

La madre que me parió.

De su paso por la Guerra Civil, también surgió “Homenaje a Catalunya”, una tierra que conoce bien. ¿Qué opina sobre la situación que está viviendo este pueblo?

Me gusta Catalunya. Me gustan sus gentes. Su carácter abierto. Su laboriosidad. Son emprendedores. Hacen cosas.

¿Eso no lo dijo Mariano Rajoy?

Así es, pero porque el expresidente citó mi libro “Homenaje a Catalunya”. Poca gente sabe que precisamente así empieza el capítulo 5. ¿A que ahora no te parece tan ridículo?

Pues no sé.

Era broma. Cómo voy a escribir yo esa gilipollez.

¿Si volviese a España que le gustaría hacer?

Con lo que me ha contado de los restos de Franco no sé si me apetece regresar. Quizá cuando no queden fascistas. Eso sí, ese día me gustaría volver a comer aquel conejo al ajillo que probé en las trincheras.

¿Le puedo decir una cosa?

Claro.

No creo que aquello fuese conejo. ¿Ha oído alguna vez la frase hecha “dar gato por liebre”?

Claro. He conocido muchas supuestas democracias.

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