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Entrevista a Walt Disney: “No me gusta Pixar, porque no me creo que los coches hablen”

Entrevista a Walt Disney: “No me gusta Pixar, porque no me creo que los coches hablen”
Walt Disney con Mickey Mouse
Walt Disney con Mickey Mouse | Disney
Muchas gracias por concedernos esta entrevista, Señor Disney. No las merece. Es un placer, pero dese prisa, muchacho, no tengo mucho tiempo. Supongo que estará ocupado… Qué va, tengo toda la eternidad, pero es para que no se rompa la cadena de frío. Me han descongelado para charlar con usted, pero en nada tengo que volver a criogenizarme. Y por cierto, recuérdele a los trabajadores de la clínica que cuando lo haga, no vuelvan a ponerme un palo como si fuese un polo. Ah, y que tampoco me coloquen etiquetas de La Sirena. Qué cabrones. Al final es que te tienes que reír. Cuando le han descongelado, ¿qué es lo que más le ha sorprendido de la actualidad mundial? Pues que todavía no se haya inventado nada definitivo contra la calvicie. De hecho, cada cinco años tengo puesta la alarma, me desvelo y pregunto si han sacado algún remedio. Y como no hay nada, me echo de nuevo. No me interesa vivir esta vida. No tengo prisa. Ya llegarán tiempos mejores para los alopécicos y ese será mi momento. ¿Cómo fueron sus inicios? Nada fáciles. Yo provengo de una familia humilde de granjeros. Monté varias empresas que fracasaron. La cosa no pintaba bien. Pero un buen día decidí trasladarme a Hollywood con una maleta cargada de sueños y otra maleta cargada de mudas. Eso fue clave. ¿Se imagina que en vez de trasladarme a Hollywood me traslado a Alcalá de Guadaira? La cosa hubiese sido muy diferente. Por cierto, ahora que nombra  una localidad sevillana, ¿Es cierto que  usted es de origen español? No. Mmm… vale. Sigamos. En su viaje a Hollywood también llevaba consigo una película de animación sin acabar en la que había estado trabajando. Así es. Se trataba del cuento para niños y no tan niños (guiño, guiño, codazo) titulado  “Alicia en el país de la Maravillas”. Moví está película por los estudios y tuvo bastante éxito, lo que me permitió triunfar en la ciudad de los sueños. Quién le iba a decir a ese mocoso que jugaba en las vías de los suburbios de Chicago que haría cosas tan notables como interpretar al Padrino a las órdenes de Coppola. Soberbia actuación la que hice, ¿verdad? Lo de morirse entre las tomateras fue idea mía. Ehh… ¿El Padrino? Sí. Vale. Volvamos a sus inicios en Hollywood. ¿La notoriedad de “Alicia en el País de las Maravillas” le permitió realizar sus primeros metrajes de animación? Claro. Gracias a ella pude hacer cortos como “Winkle, el Pato Nihilista” o “Harry, el Cenicero hegeliano”. Películas demasiado intelectuales para la frívolas mentes californianas de la época. No acabaron de triunfar, pero aprendí mucho sobre la técnica cinematográfica y los gustos de los niños. Créame, a los chiquillos no les interesa la dialéctica. Avancemos un poco en el tiempo. Tras unas relaciones algo tensas, en 2006 Disney anunció la compra de Pixar. ¿Qué opinión tiene de las películas creadas por los estudios dirigidos por John Lasseter? Como negocio me pareció algo excelente. Una más que notable adquisición de la compañía que fundé. Pero creativamente Pixar no me gusta, tal cual oye: NO ME GUSTA. Tiene fallos de bulto y alucino con que nadie aún haya puesto el grito en el cielo.  Pero, vamos a ver, quién en su sano juicio se va a creer que un coche es capaz de hablar, pero no solo uno, todos. ¿Estamos locos? O que existan los monstruos. O, peor aún, que los juguetes tengan vida. Es que es para alucinar. Les metemos a las criaturas unas tonterías en la cabeza y normal que luego no salgan preparados. Pero me parece curioso que diga esto,  porque  Mickey es un ratón que habla… ¿Qué insinúa, joven? Es que de toda la vida los ratones han hablado. Quizá no sean tan resabiados como usted, pero nadie puede decir que no hablen. Y no lo digo yo, ahí están los ejemplos: Speedy González, Pixie y Dixie, Tico de Willy Fogg… O el cocinero Remy… Joven, ¿intenta burlarse de mí? Remy es una rata, y  como todo el mundo sabe: LAS RATAS NO HABLAN. Otro fallo inexplicable de los “creativos” de Pixar en “Ratatouille”. He intentado hacer el gesto de comillas con los dedos cuando he dicho “creativos”, pero no he podido. Aun los tengo entumecidos por el frío. No se preocupe, le he entendido. En la actualidad The Walt Disney Company es la mayor compañía de medios de comunicación y entretenimiento del mundo. ¿Está orgulloso? Pues sí, no está mal. Aunque de lo que realmente estoy orgulloso es de la idea de morirme entre tomateras en El Padrino. ¿No le parece una imagen genial? Sí. Es usted un encanto. Esto es todo, me vuelvo al freezer. Gracias por la entrevista. Pero antes de marcharme quiero que recuerde dos cosas: la primera, los coches no hablan; y la segunda, por favor, pase la fregona cuando m
Carlos Langa | Madrid
| 27/02/2018

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