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Usuarios de redes sociales "hazme casito"

Becaria analiza los diferentes tipos de pesados, amargados y ofendiditos que te puedes encontrar en Twitter y otras redes sociales.

Avestruz (archivo)

Pixabay Avestruz (archivo)

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Las redes sociales son el mejor invento de la comunicación desde las pinturas rupestres en las cuevas hace unos cuantos miles de años, pero hay personas a las que el sistema a veces les falla en el intento de relacionarse, el cerebro les provoca alguna interferencia, la lían y restan prestigio a este gran medio de interacción de la historia de la Humanidad. En sus cabezas la película suele ser espectacular. Estoy hablando de los "Hazme casito" y sus fatídicos métodos para intentar molestarte, y ya solo nos queda depositar la fe en los fleets de Twitter, las stories que han plagiado al resto de redes sociales para salvarnos. ¿A quién me refiero?

"No me haces caso, pues te ofendo"

"Te borro, tú antes molabas". Ni lo conoces o, como mucho, te suena la foto de perfil de dejarte doscientos likes y la mitad de comentarios sin ningún aporte reseñable. Nunca ha surgido la interacción y, quizás ante la indiferencia recibida a sus mensajes sin sustancia, siente la necesidad de reclamar tu casito con un mensaje de despedida y notificación de unfollow o eliminación de amistad. No entiende que su triste persona no despierte tu interés y opta por echarte en casa tu error vital, juzgando tus valores o lo primero que le pase por la cabeza y ya haya leído a otros haters de Internet. Suele borrarte como amigo o dejar de seguirte pero sin bloquearte porque te has ganado su odio, pero tampoco mucho. Si coincide que lees su delirio mental, para evitarle el sufrimiento, coges y lo bloqueas para ahorrarle que siga entrando en tu perfil en búsqueda de feedback emocional que cure las heridas de haberlo ignorado como a una pelusa huérfana debajo del felpudo. No soportas ver a la gente pasándolo mal.

"¿Por qué no contestas?"

Luego está el espécimen que te escribe por privado y se enfada consigo mismo porque espera tu respuesta y la quiere ya, pero no la recibe nunca. Siempre busca algo: amor, sexo, azotarte el culo o que se lo azotes, que le hagas clic en su perfil, que veas un videoclip o un corto que acaba de grabar en el granero de su padre o un RT a alguna mamarrachada llena de hashtags y menciones que ni entiendes ni falta que te hace. "Hola, yo 44", te dicen algunos sin saber muy bien si se refieren a la edad o al tamaño de su pene en erección. Un saludo digno de dejarte sin palabras. En muchos casos, después de haberlo intentado, te vuelven a escribir cuestionando tu educación o dándote las gracias irónicamente con despecho, dentro de sus posibilidades, por no haber respondido, como si fuese tu obligación y recibieses un sueldo público por Servicios Sociales para su atención.

El macho herido

Esta categoría de señoro ofendido la voy a ilustrar con el fragmento de un mensaje que he recibido esta semana de alguien que ni sabía que existía y me ha dejado profundamente consternada: «Me pareces prepotente, que por ser mujer no eres el ombligo del mundo, que igual los hombres también nos gusta ser deseados y sentir que gustamos, por eso dejaré de seguirte». ¿Qué querría? ¿Amor? ¿Sexo? ¿Un like? Nunca sabré qué le hirió porque opté por evitar su sufrimiento con un bloqueo instantáneo. Ojalá con Siri pueda descubrir la felicidad sin causarle ningún daño.

Que te pires, zoquete

Es la crónica de una muerte anunciada. No le haces mucho caso porque no dice gran cosa que despierte tu interés o lo que le respondes no es suficiente para llenar lo que él siente hacia tu persona o personaje, hasta que, fruto de alguna frustración interna, te suelta cosas con cierta rabia por algún motivo encubierto, intentando darte lecciones de moral u ofenderte con comentarios contra cosas que te gustan, tu trabajo, tus opiniones o causas que defiendes, de la forma menos constructiva posible. Ya sabe que no obtendrá nada de ti y solo busca ofender, pero le sale mal. Lo que te queda es responder con una foto de un cubo de basura y un mensaje tipo "A pastar, zoquete" o un adjetivo calificativo ajustado a las circunstancias más un bloqueo, o bloquear directamente y a seguir viviendo, que no está el tiempo para perderlo.

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