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Teletrabajo: lo peor de trabajar en casa

La visión más cruda y realista del teletrabajo en tiempos de cuarentena por el coronavirus.

Trabajando desde casa

Pixabay Trabajando desde casa

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Teletrabajar parecía algo idílico y es una suerte poder hacerlo dadas las circunstancias de encierro en las que nos encontramos intentando frenar la propagación de nuestro mayor enemigo actualmente: el coronavirus. Pero currar en casa, a decir verdad, es aún más complicado que en la oficina. Haciendo teletrabajo no se trabaja.

Para teletrabajar en condiciones es necesario que se cumplan varios requisitos: debes tener un espacio adecuado, un cuarto o una mesa mínimamente adaptada al trabajo de oficina, que nadie te moleste, pero, sobre todo, mucha fuerza de voluntad, actitud, y a tu jefe bien lejos. Y aunque lo tengas todo, ¡sigue siendo un agobio! Estos son algunos de los principales problemas que te puedes encontrar currando en el mismo sitio donde comes, ves tus series y duermes:

Interferencias humanas

Vivir con compañeros de piso, padres, hermanos o pareja, es un suplicio si los tienes presentes en tus horas de trabajo, y si tienes niños/as es quizás el peor de los calvarios. Nadie en su más sano juicio es capaz de concentrarse con gente en casa dando la turra con cosas cotidianas, marujeos, niños lloriqueando o queriendo ver a Peppa Pig.  O simplemente estando. No es un ambiente profesional y supone un fracaso a corto plazo. ¿La parte buena? Si teletrabajas en estas condiciones solo por la cuarentena, pensar en que acabará pasando y todo volverá a la normalidad, hará la situación menos catastrófica.

Soledad: ni tanta ni tan poca

Cuando te toca estar las ocho horas entre tus cuatro paredes, pantallas y sin nadie de tu ambiente laboral con quien intercambiar palabras, criticar al jefe y clientes en voz alta, y tomar café, también puede ser demoledor. Lo bueno nos da más igual, pero para lo malo, siempre urge más socializar.

Currar en pijama, mala idea

Los primeros días igual eres más productivo teletrabajando en pijama desde la cama por la novedad de cumplir tu fantasía de no salir de casa para currar, pero luego la cosa comienza a decaer. La productividad es ciencia ficción. Es importante ducharte, ponerte ropa de calle cómoda, que no sea la misma que llevas para comer palomitas viendo Netflix. Tu trabajo es la higiene y pinta que llevas, y si trabajas con la misma indumentaria que usas para dormir, apaga y vámonos. Lo dicho: dúchate, ponte desodorante y vístete bien.

Teletrabajar en un zulo

Vivir en un piso de 40 metros donde la habitación es lo mismo que la zona audiovisual, el baño y la cocina, puede ocasionar un grave problema de saturación mental al no dejarte desconectar de tu espacio de trabajo y que se acabe convirtiendo todo en lo mismo. Para que la saturación no te dé ganas de tirarte por la ventana, ayudan pequeños detalles como quitar de la vista todo documento, ordenador, tablet o material de la empresa cuando no se esté trabajando en ello. Parece una tontería, pero ayuda a mantener cierta higiene mental. Olvidarte de tu jefe ya será un poco más complicado.

De oficina, tu cocina

La cocina; la peor de las oficinas. Tener que improvisar una oficina en la misma mesa que usas para comer, con la vitrocerámica a tu izquierda y la nevera detrás, es desconcertante, pero hay quien no tiene más remedio por falta de espacio y opciones. El teletrabajo precario en estas circunstancias requiere una fuerza mental titánica y solo unos pocos héroes consiguen llegar bien de la cabeza hasta el final. El chocolate cerca, el mejor aliado.

Ánimo, gente.

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