Cuando alguien nos pregunta "¿Qué será lo primero que hagas cuando acabe el confinamiento?", mucha gente respondemos: "follar, por supuesto". Tenemos ganas de sexo y no nos escondemos. Pero damos esta respuesta en caliente porque imaginamos el fin del encierro como si nos fuesen a abrir la puerta y podamos retomar nuestros trabajos, actividades de ocio y pasiones tal y como los aparcamos, pero no cabe duda de que nada será como lo dejamos.

Si cada vez que vamos al supermercado esquivamos a la gente, nos tratamos a varios metros de distancia con mascarilla y guantes como si fuésemos unos apestados sociales, sería muy ingenuo pensar que, cuando el Estado baje las alarmas, volvamos al bar y a quedar con esas amistades con las que tenemos encuentros esporádicos promiscuamente, y mucho menos tendremos esas citas de Tinder, Twitter o Linkedin que quedaron colgando y nos dejaron la tensión sexual pendiente de un hilo. Ahora lo más tenso que tenemos son dos gomas, y ejerciendo presión detrás de las orejas. Queremos enganchar, pero no sabemos qué va a pasar, tendremos miedo y todo será más parecido a una película de serie B infame que hasta ahora no conocíamos. ¿Cuánta gente estará dispuesta a asumir riesgos?

Quienes están de enhorabuena en lo que a la actividad sexual se refiere, son la gente que convive bajo el sacramento del matrimonio o en pareja. Se están dando casos de gente casada que, "por fin", está follando durante el confinamiento. Si antes era nada, ahora es algo menos que nada.

Pero yendo a lo que nos interesa a la gente más libre de compromisos, y también a la gente con vida sexual fuera de la pareja, una cosa es lo que imaginas, otra lo que puede que sea y otra lo que será. Llegados a este punto, ¿cómo imagino yo el sexo después del confinamiento? No sé cómo se dará, pero de lo que no tengo ninguna duda, es que ni por asomo será igual. Lo más probable es que, durante una temporada, por temor, pase a ser inexistente con otras personas y los juguetes sexuales ganen más relevancia que nunca. Por culpa de un virus, no vamos a tener ganas de tocarnos ni con un palo. No por nada, sino por si acaso.

Las relaciones sexuales serán a distancia, una distancia mucho mayor que la que mantenemos en el supermercado, excepto para la gente fetichista de la estética y prácticas médicas que disfruta de sesiones con indumentarias propias de hospital, con utillaje de quirófano y protección hasta las trancas. Lo que a mucha gente nos podía parecer un fetiche bizarro, el 'medical fetish' puede ser la solución a tener sexo compartido minimizando los riesgos: guantes de látex, mascarillas de máxima protección, fundas de cuerpo entero y baños en gel hidroalcohólico, proxilaxis obligatoria para cada sesión. Hay que probar de todo en esta vida y esta es una forma de reinventar la promiscuidad y los métodos de protección en tiempos de coronavirus. ¿Pero qué tipo de sexo es follar sin poder meternos la lengua hasta la campanilla? Si no nos termina de convencer, lo que sí es seguro es que nos mantendremos con más actividad que nunca en las apps de ciberfollar, libres de patógenos para no renunciar a los placeres.