Prácticas sexuales que hoy están relativamente normalizadas en nuestra sociedad (excepto para algunos sectores fundamentalistas religiosos) como el sexo oral, los tríos o las orgías, hasta hace no muchos años estaban catalogadas como perversiones. Todo lo que fuese follar sin un fin procreador, mal. Lo mismo pasa con la homosexualidad o la transexualidad, que sobre el papel ya son legales y ya no se consideran enfermedades, aunque aún contemos con mucho rechazo social por personas, colectivos y grupos políticos que ondean lemas que atentan contra los derechos humanos de las personas con estas orientaciones y preferencias.

He rescatado un libro sobre desviaciones sexuales de 1975 publicado en España nada más expirar el dictador Franco, escrito por un “especialista sexólogo” francés llamado Yvan Leger, para el que todo eran “anomalías sexuales y verdaderos errores en la normal evolución del sexo”. Paso a destacar algunas de las averías ideológicas de estos tiempos reflejadas en su mamotreto:

La aberración del cunnilingus y la felación

El autor destaca que las prácticas orales eran aceptadas en la década de los 70, pero tampoco mucho; solo si eran empleadas en los preliminares durante el “acto conyugal”, solo cuando constituían un leve precalentamiento. Si eras soltera, olvídate, eras un pendón de cuidado desviado de los caminos del Señor. Y si el sexo oral era el principal medio de gratificación sexual, es decir, que si llegabas al orgasmo con la boca de la pareja ahí empotrada, esto reforzaba indiscutiblemente tu desviación. Destaca que "muchas mujeres sienten gran repugnancia a aceptar la fellatio y reaccionan con desagrado si su cónyuge se lo pide. Tienen la impresión de que el marido es un anormal que exige un acto contra natura". Que en este caso, lo mismo se refiere a que estaban siendo forzadas a chuparla sin ganas, y el doctor interpretó las desavenencias a su manera.

Los invertidos homosexuales y su cura

En el caso de la homosexualidad, plantea varias hipótesis sobre por qué un chaval puede ser homosexual. Una de ellas surge de haber conocido a un homosexual cuya madre no aceptaba que abandonase el seno materno. Cada vez que el chaval llevaba a su casa a una chica, la madre le encontraba todo tipo de defectos. Como consecuencia, dejó de salir con chicas y "se hizo homosexual", y de este modo descubrió la manera de tener paz en el hogar y terminar con las críticas de su madre. Muy coherente. Este sexólogo defiende que los niños que presenten rasgos homosexuales deben consultar al psiquiatra y seguir un tratamiento a fin de evitar que la homosexualidad se vuelva crónica. Asimismo, los educadores, padres y sacerdotes son un importante pilar para contribuir a la detección de homosexuales y su orientación hacia un tratamiento apropiado. ¿A qué nos suena esto en 2020?

Lesbianas: la marimacho y la femenina

La homosexualidad entre mujeres está basada en el miedo a los machos, en el temor a ser “atrapada en el juego del amor”, en el daño sexual con el pene, y en el temor a las responsabilidades que el matrimonio y la procreación puedan originar por el “transcurso normal” de una relación heterosexual. Ser lesbiana es una consecuencia de que te acojone seguir el libro de la vida. Dice el autor que las mujeres lesbianas en el sexo interpretan la "comedia marital": una de las dos adopta los atributos del macho, con actitudes y vestimentas masculinas, mientras que la otra conserva los de la mujer, empleando principalmente la estimulación oral, la “estimulación manual de los senos”, y la simulación del coito utilizando o no un “pene artificial”. En su cabeza era espectacular, y en el texto no se plantea la reconversión bajo tratamiento psiquiátrico; la homosexualidad era menos grave para la mujer que para el hombre.

La abominación de la transexualidad

Las personas transexuales, por entonces mal llamadas “travestis”, en su cabeza eran un batiburrillo de cosas mezcladas con prejuicios homosexuales y traumas infantiles. Destaca que se trata de un “individuo afeminado que se identifica desde la juventud con su madre, que es temeroso, que detesta los juegos violentos y prefiere jugar más con muñecas que con fusiles. Tiene un cuerpo de hombre con corazón de mujer”. Bebe de los mismos estereotipos que la homosexualidad, pero añadiendo la preferencia por ropas consideradas del sexo opuesto y achacando a la identidad de género de la mujer transexual el haber estado sobreprotegida por su madre, dormir en su misma cama, compartir actividades y bañarse con ella. La paja mental y el estigma siguen vivos.

¿Que por qué se sigue celebrando el día del Orgullo LGBTI? Porque a día de hoy, todo esto parece la hoja parroquial de un partido de extrema derecha legítimo.