No ser madre es uno de los placeres que más saboreo en el día a día, y por las noches ni te cuento. Sobre todo, ahora que algunas amistades han optado por la maternidad y paternidad en pareja, divorcio y soltería, y yo me veo felizmente con la responsabilidad sobre una caja con 250 playmobils, un yate y un Porsche rojo. Bueno, siendo sincera, ni me he molestado en contarlos, pero por ahí andarán las cuentas.

Con seguridad y pleno convencimiento sé que no quiero ser madre, pero como nos ha pasado a la mayoría, he crecido con una educación entre Nenucos y cocinitas, que salvo arrancarles las cabezas, no les hacía mucho más caso. Pero peor que eso ha sido la comida de oreja del entorno más cercano con comentarios acerca de mi hipotética futura maternidad (previo matrimonio con algún "buen chaval"): «A ver cuando te toque a ti cambiar pañales», «Quién te verá cuando salgas por ahí con el carrito» o «No te queda nada para aprender lo que es llevar una casa y una familia». Y esa presión ahí sigue por los círculos familiares que han sido educados en que la misión a cumplir en la vida es crear una familia y en que la naturaleza de la mujer es parir, dar de mamar, cambiar pañales, hacer la comida y tener atendido al marido. Y aún peor es la gente nacida en los últimos cuarenta años, pero con los ideales de la Sección Femenina mamados como herencia destructiva. Todavía hay quien piensa que la plenitud de la mujer se da con el embarazo y el parto, y cuantos más hijos tengas, mejor. Y si no tienes hijos, eres una imperfecta y anormal, como dictaba la ideología ginecológica franquista, ese cáncer ideológico tan vigente.

Por favor, gente de toda edad, género y "estrato social", gente turras en general, que ya estamos acabando 2019, dejad de preguntar a las mujeres cuándo piensan tener niñ@s, porque para empezar, lo mismo ni les interesa, o quieren y no pueden, y la pregunta molesta o duele. Y tomemos nota con un bolígrafo bien gordo: parir es una opción, no una misión ni obligación. A nadie le interesa qué deseas que pase por tu barriga, útero y vagina, ni en general, por tu vida.

Y cuando no te gusta el mundo niño, lejos de estar incompleta o con media vida castrada, la no maternidad es todo ventajas: tienes más libertad para viajar, para ducharte sin que te molesten, para salir a tomar unos gintonics o un triste café con leche de soja y sacarina en horario flexible, para llevar gente a casa para follar sin condicionamientos, y en resumidas cuentas, para seguir viviendo a tu bola con tus otras responsabilidades compaginadas con tus deseos. En fin, que si no tengo hijos, no es porque no sepa hacerlos.