Esta experiencia del confinamiento está dando lugar a personajes pandémicos sin remedio. De la pandemia no sacaremos ningún aprendizaje personal ni colectivo, pero hay quien ha aprendido a torear las normas impuestas por el estado de alarma para saltarlas sin que se note mucho. Es el caso de quienes van al supermercado a pasearse ya que es el único sitio al que podemos ir, además de sacar al perro quien lo tenga, al trabajo a quien le toque, y desde el pasado domingo, también a airear a los niños. Salir a pasearse a sitios de riesgo como el supermercado, no es un privilegio si tenemos en cuenta que el motivo de tener que estar en casa encerrados es precisamente para evitar el contagio y la difusión de un virus bastante porculero y mortal. Aún hay quien le debe parecer poco, pero ya llevamos más de 23.000 muertes confirmadas. Y las que quedan.

Paseantes de supermercado: jubiladas y novicios

En mis inmersiones semanales por el supermercado ya me he encontrado con varios ejemplares de estos que con tal de dar un paseo, se tiran una hora deambulando por los pasillos hasta que agarran cualquier cosa y se colocan para pagar; generalmente, señoras y señores mayores de 50 años que, en el momento de esperar en la cola, portan escasos productos "sin importancia". Vale, que puede ser algo extremadamente necesario que se les haya olvidado en la compra recién hecha, pero pensar eso en la mayoría de los casos es un insulto a la inteligencia, como el del señor que va y se lleva una botella de aceite y un par de cartones de vino:

 

Todas estamos hasta las narices de estar en casa, pero parece que hay quien lo lleva peor y decide que el supermercado, ese sumidero de virus, es un buen lugar para darse un relajo estirando las piernas entre los pasillos de las neveras y los vinagres. Cabe mencionar que esto se está viendo también en señoros que nunca han salido a hacer la compra y ahora se apropian ellos de la cesta para gozar de ese "privilegio" que hasta ahora "disfrutaban" sus mujeres. Y ahí van ellos con cara de estar más perdidos que cualquiera de nosotros a los mandos de la NASA, abrazados a una botella de algo del tamaño de un bidón de gasolina. Y esto no es una conjetura sacada de un sueño onírico de supermercado; en mi familia también pasa. Como en la tuya, en la de tu pareja o tú mismo y tu mecanismo.

Paseadores olímpicos de perros

Esta fauna, al igual que los paseadores de supermercado, lleva ahí, desde el inicio del confinamiento, esquivando la norma de la forma más disimulada que puede. Todos conocemos a algún vecino y familiar que aprovecha al perro para salir a la calle y estirar las piernas. Se han dado casos de gente que incluso se ha olvidado que el fin de salir era que el perro hiciera sus necesidades, y han acabado a varios kilómetros de casa, desorientados y con una receta en el bolso. Esto también será estudiado en los libros de historia dentro de unos años, si antes no nos extinguimos.

Padres y madres con el carnet caducado

El culmen de los jetas lo hemos visto a partir de este domingo con la salida de los niños a darse un paseo a un kilómetro a la redonda de casa. Cuando en teoría solamente un progenitor o tutor debía salir con ellos, se han visto no pocos casos de ambos padres paseando a los churumbeles. Bueno, paseándose a ellos mismos, que es su verdadero interés por encima del paseo del niño. Y charlando con otras familias sin respetar las medidas de distanciamiento ni de higiene. Vale que los padres irresponsables no son mayoría, y menos mal, pero son los que más ruido hacen y a quienes debemos señalar. Lo mejor ha sido ver a unos padres paseando a sus hijas, ambos manteniendo la distancia de seguridad como si no fuesen juntos. Que casi cuela, si no fuese porque las niñas eran gemelas. Un fuerte abrazo si están leyendo esto.

Mi inquietud a día de hoy es, como ciudadana confinada durante casi 50 días y sin salir nada más que para ir a comprar lo indispensable; ¿qué es de ese asteroide que supuestamente iba a rozarnos el 29 de abril?