El pasado sábado se celebró en mi ciudad, Gijón, un Festival Aéreo que lleva muchos años haciéndose y al cual yo nunca había ido. En esta ocasión a causa del mal tiempo, se pospuso unas horas y decidí acercarme a la playa a ver el ambiente de gente dolida por su gran retraso. Podría decir que ha sido mi primera vez en un festival aéreo pospuesto y celebrado en diferido. Algo muy marca España, debo resaltar.

En este festival se dan cita cada año exhibiciones aeronáuticas de bomberos, Guardia Civil, salvamento marítimo, aeronaves utilizadas para el reparto de ayuda humanitaria, y también unas cuantas máquinas construidas para inmiscuirse en guerras, matar y lo que surja. Y para exhibir en estas exposiciones urbanas de la geografía española. ¡Qué divertido!

Bien. Una vez sumergida en este ambiente masificado de domingueros esperando ver estos aviones de tan variada naturaleza, me crucé con todo tipo de gente, de todos los colores y culturas, sin excepción, y yo misma con una camiseta de Epi y Blas besándose. Me encanta la mezcla. Pero a decir verdad, abundaban los señores y no tan señores con gorras militares, polos con los colores de España en el cuello y en las mangas, algunos viejos nostálgicos disfrazados con su ropa de ex comandantes del ejército y bastantes camisetas de la Patrulla Águila. Ha sido el evento donde menos calvos he visto porque la mayoría de señores llevaban gorra. Incluso había un improvisado mercadillo a lo largo de la playa con puestos ambulantes de venta de material textil, juguetes bélicos para los niños y souvenirs militares. Lo cierto es que el ambiente era muy típico de festival de grandes bandas del rock, pero con aviones de guerra. Era uno de los mejores días del año para los groupies de lo bélico. Y nunca he visto tantos zapatos náuticos y castellanos en un mismo show. Un puesto ambulante de este tipo de calzado se hubiese forrado. No quiero dar ideas mercenarias.

Festival Aéreo de Gijón | @becaria_

Una de las cosas que más me llamaron la atención fue la venta de paraguas con los colores de la bandera de España a 12 euros. Además de ser un festival aéreo, yo diría que también un festival de los colores. ¡Menuda fiesta! Pero demasiado baratos me parecieron para tener la bandera española, yo no los hubiese puesto por debajo de 50 euros. ¡Incluso había gente que los compraba sin estar lloviendo! Bueno, normal, tan bonitos y con ese precio.

Hablando de exaltación de la patria, hasta había un tenderete repartiendo a niños, niñas y abuelos, banderines rojos y amarillos, y globos de color verde, entre aceituna y pistacho. ¡Qué curioso e inesperado! Este tipo de citas sociales llenan de generosidad las calles.

Al ser el Festival Aéreo un show encima de la playa, mucha gente aprovechó para desanclar su yate o barca y observar el espectáculo en altamar, que finalmente se acabó celebrando horas más tarde. Pero la mejor estampa estaba en el propio paseo marítimo con los personajes y estilismos comentados, y con gente acampada con sillas e incluso bocadillos y neveras, pues se trata de un acontecimiento de larga duración y sin tener en cuenta el retraso que se estaba dando.

Otra de las cosas más inquietantes una vez empezada la exhibición, fue ver gran cantidad de carritos de bebé, extremadamente bebés, en ese ambiente de ruido insoportable. Con los cazas y la ensordecedora melodía de sus motores, el verdadero espectáculo no son sus ruidos y piruetas, sino ver a madres tapándose los oídos y tapándoselos a sus enanos y bebés sin capacidad de elección mientras los padres hacen fotos a las naves rozando el campanario de la iglesia a pie de mar.

Por un momento pensé en si alguien estaría grabando una película costumbrista para retransmitirla en el Cine de Barrio del futuro con segundos planos de gaviotas espantadas y perros temblando. He visto a gente despidiendo a los aviones con la mano y agitando sus gorras al mismo compás, como en las películas de Arturo Martínez Soria diciendo “adiós” al tren. ¿Para qué? Es bonito ver lo que tienes a tu disposición como ciudadana en caso de accidente o tragedia, pero el mayor atractivo para la gente son los cazas de guerra, entre estruendos, comentarios de exaltación de la patria y más estruendos.

Festival Aéreo de Gijón | @becaria_

Las nubes negras que dejaba el paso de los aviones también daba gloria verlas, pero los fanáticos dirán que no seamos demagogos ni mentirosos, que era la estela de una barrita de incienso con olor a lavanda y que no contamina. Menos mal que están las naves extraterrestres a punto de llegar y llevarnos a todas de una vez.

Y entre tantos malos humos, contaminación auditiva, piruetas nauseabundas, aviones volando a cuchillo, personajes peculiares, mucha precisión, maniobras extremas y barra libre de "vivas Aspania", también ha habido un amplio consenso en que vuelva a salir el avión de los bomberos y que el "apaga y vámonos" sea el broche definitivo. Nunca abochorna a gusto de todos.