No todos los entrenamientos en los gimnasios son caminos de rosas entre las colchonetas: hay sudores que vienen con estrella y otros estrellados, como es el caso cuando te encuentras con monitores que son un suplicio y te dan temblores fríos solo con su presencia: amados líderes que se creen Tarzán y son croissants caducados que gritan como enajenados mentales y monitoras de postureo que piensan que están en los estudios de Vogue en vez de en un gimnasio y hacen selfies grupales sin pedir permiso. Trabajadores del culto al deporte que hacen comentarios ofensivos o machistas y se creen libros abiertos de autoayuda.

Los gimnasios son los mejores sitios para ponerte en forma en casi cualquier disciplina deportiva y hay que dar gracias a los grandes profesionales que existen para ayudarte en ello, pero a los siguientes tipos de instructores, les vendría mejor menos deporte, más deportividad y hacer más horas de crossfit en el cerebro.

Coach motivacional machista para mujeres gordas

No he pasado por ningún gimnasio donde no me encontrara a algún monitor o monitora, hombres y mujeres indistintamente, que recurran a hacer comentarios superficiales patéticos y machistas para motivar a la gente, o mejor dicho, a mujeres, para que hagan con ganas los ejercicios. Que si "ya está ahí la playita y no da tiempo a meter para adentro la barriguita" o "vamos a por esos kilos de más para entrar bien en el bikini". Todo referencias a la operación verano, las mallas, la gordura, las cartucheras y al culo plano o caído.

Comentarios sobre el físico poco amables, cuando la mayoría de chicas que se ven en los gimnasios no están gordas, y posiblemente las más gordas y acomplejadas no sean estos mantras los que más energía les insuflen para ponerse a hacer sentadillas, abdominales o hacer equilibrismos en pelotas gigantes para Pilates. Estos instructores tienden a fusionan sus mantras con frases de Mr. Wonderful, se creen motivadores, y con solo oírlos de lejos, dan ganas de suicidarse.

Se creen strippers

Son ese tipo de instructores que dan clases de tonificación con pesas, tipo "Body Pump", para endurecer los músculos y ya, y cuando menos te lo esperas, ya sea en mitad de la clase o estirando al final para evitar agarrotamientos, improvisan bailes de salsa o estilos reggaetoneros con movimientos de culo y cadera casi imposibles sin venir a cuento. Lo mismo pinchan una bachata, a Daddy Yankee o lo último de Kiko Rivera después de levantar barras y mancuernas de 20 kilos. Estamos ante un caso digno de estudio. No se sabe si lo hacen por exhibirse, para vender clases secretas de Pole Dance o creen que no los ve nadie, pero a veces despiertan un poco de vergüenza ajena.

Viven más para las redes sociales que para el gimnasio

Estos profesionales de gimnasio, más mujeres que hombres, suelen incluir en su trabajo deportivo hacer fotos con el alumnado antes o después de las clases para sus redes sociales. A veces, incluso hacen directos durante los ejercicios para Facebook o Instagram, que es donde más público tienen, inmortalizando para la posteridad las miserias deportivas de gente que no ha firmado por ningún lado que trafiquen con sus contracturas en streaming. Sus clases nunca empiezan a la hora; entre que se lían con las fotos y que no saben poner la música a la primera, siempre echan la culpa al "radiocassette del gimnasio". Estas monitoras suelen tener a medio gym entre sus contactos y siempre buscan ampliar sus círculos etiquetando a todo el mundo. Querer es poder. A veces se lían y se equivocan etiquetando a otro gimnasio que se llama parecido y está en Alcobendas. Piden disculpas con la frase de autoayuda "Si no te equivocas de vez en cuando es que no lo intentas" de Woody Allen y dan por arreglado el estropicio social media.

Creen que son profes de guardería

Sin desmerecer los estudios y preparación deportiva de la gente que trabaja en los gimnasios, algunos se creen que han estudiado magisterio infantil en vez del cuerpo humano, los tipos de mancuernas, la respiración diafragmática y una asignatura de libre configuración de primeros auxilios. Me refiero a esos instructores de Spinning y monitoras de Kick Boxing que riñen a la gente como si estuvieran dando una clase de parvulitos porque haya gente que no sigue la clase como si fuera una preparación olímpica de chicas de natación sincronizada. No tienen en cuenta a quien va por primera vez o lleva una semana, ni a los lesionados o asmáticos que se quedan sin oxígeno y deciden parar. Este tipo de monitores dan mucha pereza y memorizas el primer día su nombre para no volver más.

Viejóvenes con lesiones, más viejos que jóvenes

Existe un tipo de monitor que ya roza la madurez y peina canas. Estos profesionales suelen tener casi 50 años, pero piensan que tienen 23 y que acaban de terminar sus cursos de profesor de gimnasio. A veces, el amado líder viejoven es la misma persona que el que se cree stripper, va siempre marcando músculo con camiseta de tirantes y no se seca el sudor porque el brillo le luce más en los hombros y pectorales que la toalla que le regaló el jefe con el logo feo del gimnasio. Para su senectud, está bueno y lo sabe, y no hay día que no se haga una foto en el espejo para sus redes sociales. Aunque le cuesta asumir que ya no es un chaval, siempre está lesionado por algún lado y lleva tiras de todos los colores que le pone su fisioterapeuta. No hay dos viejóvenes iguales, pero es raro el que en su cabecera de Facebook no tiene un selfie con 25 alumnas de una masterclass de Step en Chiclana de la Frontera, todas sudando, con el atardecer de fondo. Les gusta meter caña en sus clases, pero practican yoga con velas e incienso en la intimidad. Forever young.