Ya está ahí San Valentín, la fiesta más empalagosa e hipócrita del año, cada vez anunciada con mayor antelación en escaparates a tope de corazones, que ni las farmacias se cortan llenando sus vitrinas de lazos rojos y placebo de amor en la sección de homeopatía. No se salva ningún tipo de producto para su comercialización en el día asignado al romanticismo de pareja heterosexual, supuestamente fiel y feliz.

Con este día nos siguen queriendo vender la idea del amor romántico de Disney para toda la vida, la pareja formada por un hombre y una mujer que se quieren, que van a formar una familia, que la unión de ambos conforma una única persona indisoluble, y por supuesto, que deben oler muy bien con la promoción especial de perfume y desodorante en un mismo pack; el SPA romántico en el balneario de cinco estrellas de turno y la cena de enamorados en el restaurante de la Guía Michelín que verifique el amor sincero de ambos. Pero no es oro todo lo que reluce; la realidad es que nada es para siempre, el aburrimiento cada vez llega antes, hay parejas que siguen juntas por convención social pero por dentro están rotas, y se da la casualidad de que muchas parejas que están bien de verdad, no celebran San Valentín, ¿por qué será? ¡Qué complicado es entender esto del amor! Yo no digo nada. Aquí van los peores planes que se te pueden dar en el idílico Día de los Enamorados.

Que tu pareja esté en trámites con terceras personas

Están esos planes románticos de SPA que acaban con uno de los dos, o ambos, mirando el móvil la mitad del tiempo y hablando con otros ligues, como el último tuitero guapo que te stalkea todo, un chaval nuevo en Facebook o veinte posibles ligues de Tinder que tienes a la espera para calibrar posibilidades de amarre coital y lo que surja. Historia triste para uno o final feliz para los dos, todo es posible.

Que te dejen al día siguiente de San Valentín

Uno de los dos se da cuenta de que celebró San Valentín por compromiso y se sincera un día después, porque en el mismo hotel reservado para la ocasión con los pétalos en la cama, era un poco violento para romper la magia de lo único que no estaba roto. Luego el mayor drama está con los regalos, que la parte damnificada tendrá que decidir entre conservarlos, esconderlos por pena, tirarlos a la basura, donarlos a una ONG o venderlos en Wallapop. Lo mejor, lo último: se acabó el amor, pero al menos te sacas unas perrillas.

Pasarse a una relación abierta el 14 de febrerín

Esa pareja que, siendo él un chico muy inquieto y curioso, y ella tradicional y celosa, en un alarde de aburrimiento él propone "abrir la relación", "conocer otras parejas e ir a un bar de intercambios". Para ella este mundo supone un trauma, aunque acepta la experiencia por amor, pero ante la primera orgía de flechas inhiestas el mismo día de San Valentín, es ella la que decide tomar las riendas de su soltería ante el disgusto de ver a su novio izado con otra.

Regalazo: terapia psicológica de pareja

Se suele dar cuando una relación va mal y uno de los dos pasa de San Valentín, pero la otra parte regala un bono de ‘terapia de pareja’ para resolver sus problemas de ponerse de acuerdo para bajar la basura, no discutir y arreglar la desgana sexual. Todo resultan dramas y la pareja rompe antes de quemar el primer cartucho del bono de 300 euros de ese prestigioso psicólogo que resultaba ser un vendehúmos. ¡No hay mal que por bien no venga cuando ya nada puede ir a peor!