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"Me pegué una cuchara en el pene para demostrar que no es un efecto de las vacunas"

Becaria escribe sobre los mayores delirios que se han visto por parte de los antivacunas.

Vacuna

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Estas semanas están siendo un show con los delirios que se están diciendo de las vacunas, que si te los tomas a risa, ese buen rato que te llevas, el problema es que hay quien dice en serio auténticas chaladuras y también hay quien se las cree hasta límites intelectuales insospechados.

Se quedan pegadas las cucharas al brazo

A estas alturas, ¿quién no ha visto a gente pegándose cucharas en el brazo achacando ese efecto al pinchazo? Algunos conspiranoicos sostienen que las vacunas llevan materiales con propiedades magnéticas y otros metales pesados, pero la realidad es un efecto natural del sudor que se resuelve pasándote un poco de agua y jabón. Vamos, que si la roña tuviese consciencia, tendría que estar ahora descojonándose.

Demostración empírica con el pene

Como demostración de la preocupante credibilidad sin sentido a la que algunas personas están llegando, cuento con el testimonio de Manuel, quien fue espectador de una conversación telefónica de su pareja con su madre a este respecto: "Empecé a gesticular para decirle que me parecía una tontería dar pábulo a esas cosas, pero escuché que su madre insistía. Ante tal tesitura, y teniendo en cuenta que yo no estaba vacunado, procedí a pegarme en el brazo un tenedor, y por si quedaban dudas, en el otro brazo me puse una cuchara. Aun así, vi una leve sombra de duda en ella mientras le contaba a su madre lo que estaba haciendo, así que me bajé los pantalones, y me pegué otra cuchara en la polla al grito de '¿Esto también es la vacuna? Dile, dile a tu madre lo que estoy haciendo, díselo', sin mucho éxito".

Seguro que Uri Geller se mostraría orgulloso ante sejente demostración. Manuel, gracias por intentar poner cordura e imponer la verdad con los medios que has tenido al alcance de tu mano... y de tu falo.

Atracción de tijeras y grapadoras

Los científicos amateur de estos últimos días no han cejado en su empeño de querer demostrar que nos están metiendo "microchips rastreadores", "piezas magnéticas" y "grafeno" en el brazo. En el trabajo de una persona allegada han vivido estos experimentos en sus propias carnes con una compañera vacunada y otra conspiracionista como protagonistas. Según comentaban, al pasar materiales de oficina como las tijeras y la grapadora, “hay un punto donde el pinchazo que justo ahí se nota cómo atrae, pero con la grapadora no tiene fuerza para quedarse pegada". Está bien querer sentirnos científicos de sofá por un día, pero la realidad es que las vacunas no contienen grafeno, metales ni generan magnetismo, debemos insistir en ello.

Vais a vacunaros como borregos

La superioridad moral de ser un anormal que sin complejos y alzando el tono de voz te grita que "vais todos con el bozal como borregos" o que "os la están colando, primero con la pandemia y ahora con las vacunas", sí que es un detector terrible de personas que antes creíamos psicológicamente sanas, pero nos han demostrado que no es así. Y no se trata de pensar diferente, porque las opiniones diversas enriquecen, pero la ciencia no es una opinión.

Estos conspiracionistas, antivacunas y antitodo, son quienes primero se comieron con patatas la vergüenza ajena de que la nieve era de plástico cuando azotó el temporal de Filomena, y ahora se entretienen poniéndose cucharas soperas en el brazo. A veces cuesta averiguar si están de cachondeo, si te están poniendo a prueba o si se lo creen de verdad dejando en evidencia una cierta descompensación intelectual, pero lo cierto es que estos perseguidores de la verdad son los mismos que están yendo a vacunarse por si acaso la vacuna funciona, porque la tasa de rechazo de la vacuna es bajísima y esto evidencia que después de tanto ruido, estas personas están acojonadas de verdad.

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