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Pandemia: Penas y amarguras ahogadas en la autoayuda

¿Cómo estarán pasando la pandemia las personas consumidoras de material de autoayuda?

Mujer con mascarilla

iStock Mujer con mascarilla

En resumen

  • Desayunar en una taza con un mensaje positivo
  • Sales de casa con una mascarilla también de autoayuda que pone "¡Vive feliz!"
  • Terminar el día en el sofá mirando en Facebook frases de filósofos descontextualizadas
  • Decides ir a esa gran mueblería del "móntatelo tú mismo"

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Cuando dio comienzo la pandemia, nos confinaron y nos quedamos en casa encerrados con nuestras preocupaciones, dudas, miedos e inquietudes, pensé en cómo estarían gestionando psicológicamente la situación esas personas consumidoras de material de autoayuda que siempre se han creído felices, aunque en el fondo estuvieran hundidas, por usar tazas con frases motivadoras chorras, agendas de Mr. Wonderful y leer libros de psicología positiva y superación personal, quizás la sección más amplia y más inútil de toda librería. Esta homeopatía para el alma está a las puertas de la autodestrucción, pensé yo, pero nada más lejos de la realidad. Me atrevo a decir que la autoayuda en tiempos de Covid-19 se ha hecho aún más fuerte coincidiendo con la mayor crisis personal en la vida de su público sin cambiar nada en sus discursos, si acaso con el añadido de frases como "Saldremos más fuertes", "Saldremos mejores"... que rima con "cojones". Con perdón. Y todo esto adornado con arcos iris, porque el colorido de escuela infantil es la seña de identidad de la angustia positiva, la autoayuda y la desesperación disfrazada de solución personal.

La realidad es que estamos saliendo de esto, y digo "salir" en un arrebato de optimismo, más débiles y peores por culpa de una clase política, en general, bastante incompetente, y una sociedad, en un importante porcentaje, tirando a imbécil. Aquí ya sin perdón y sin fe en ningún gran milagro, porque resolver este pifostio no está en nuestra mano, salvo para lavárnoslas y poco más, como nos han sugerido en el famoso pack de las recomendaciones desde el Ministerio de Sanidad.

Como hacen en mi oficina, desayunar en una taza con un mensaje positivo tipo "Soy tan positiva que parezco un protón", "Hoy es un buen día para ser feliz" o "Sonríe, Dios te ama" no combina con la situación, no cura nada y te hace sentirte peor si una hora después de tomar el café notas que sigues igual de amargada y deprimida, pero ahí se venden como una infalible medicina. Las frases de taza "Eres tonto", "Nadie te quiere" o "A ver si nos extinguimos ya" tampoco curan nada, pero al menos te ríes, que ya es más y mejor que una sonrisa de mentira con la boca torcida.

Salir de casa e ir al trabajo con una mascarilla también de autoayuda que pone "¡Vive feliz!" con una margarita sonriendo no deja de ser menos catastrófico, aunque en este caso, más que autoayuda es vergüenza ajena para quien se cruza contigo, posiblemente otra víctima como tú de un trabajo de mierda, un jefe opresor y un salario indigno que llegará con retraso y le obligará a posponer el pago de todas sus facturas. Quizás utilizar las mascarillas con mensajes reivindicativos fuese más útil y potente que exigir a desconocidos sonrisas y felicidad sacadas de la nada.

Si al terminar de trabajar, y haciendo un sobreesfuerzo en la búsqueda de felicidad, decides ir a esa gran mueblería del "móntatelo tú mismo" y, sin necesitarlo, compras una mesa para entretenerte no pensando y jugando a acertar con los tornillos, te han vuelto a vender un plan de mierda como un planazo. La frase en la pared "No es lo que mide sino lo que vives" te ha convencido en que puedes ser feliz en el zulo que compartes con algún que otro ácaro y las preocupaciones. Llegas a casa y echas media tarde para montar esa tabla con cuatro patas que has arrinconado como has podido y que te recuerda que vives en un piso de cuarenta metros cuadrados, pero acabas con la sonrisa de la realización personal en algo absolutamente inútil que no necesitabas y que te ha hecho perder un tiempo que podrías haber usado en algo valioso de persona normal. 

Terminar el día en el sofá mirando en Facebook frases de filósofos descontextualizadas y otros personajes como Paulo Coelho y cambiando tu foto de perfil por una en la montaña haciendo una postura rara de portada de libro de autoayuda mientras sujetas un tazón de Cola Cao y bollería llorando, al final te hace darte cuenta de que estás en la pena y de que todos los problemas derivados de la pandemia y de la existencia en general no se arreglan con frases positivas, libros de autoayuda, unicornios felices ni mascarillas exigiendo felicidad a la vida.

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