La insana costumbre de ir a la playa en verano a torrar como lagartos, requiere mucha protección solar y agua, por eso de los riesgos de quemaduras en la piel, deshidratación y dolor de cabeza, pero también hace falta mucha preparación mental para no salir con un trauma con las cosas que se ven y los tipos de vecinos/as de toalla que a veces toca aguantar.

¿A quién no le ha tocado sufrir a alguno de estos especímenes playeros?

Tribu invasora del espacio vital

Se trata de una de las tribus con más solera en el panorama veraniego español. Tú vas a tu playa de confianza a tomar el sol con toda la felicidad del mundo, con una hectárea de arenal vacía para tu goce y disfrute personal, y de repente, aparece alguien y acampa a escasos metros de tu toalla con su equipaje playero. Se piensa que es imperceptible.

Los mirones y "junones de baranda"

No fallan en ninguna playa que se precie. Jóvenes y señores de todas las edades que acuden solos a la playa, ataviados con unas chanclas y unas gafas de sol. Raramente se instalan con una toalla en la arena, prefieren pasear y observar a las chicas en bikini, topless o desnudas, si es una playa nudista. Antiguamente, coleccionaban catálogos de Venca debajo de la cama. Ahora, “culos y tetas” es su búsqueda más realizada en el historial de su teléfono móvil y ordenador de su casa. En la playa, igual, pero por el rabillo del ojo tras sus lentes oscuras protectoras de rayos UVA y algún que otro capón.

Los "junones de baranda" son los mismos mirones, pero cuando se trata de playas de ciudad. Caminan por el paseo marítimo, se van apoyando cada poco en la valla y no pierden la oportunidad de contemplar al detalle los cuerpos femeninos con poca ropa absorbiendo los rayos de sol. Se creen discretos, pero dan mucho el cante. Los más refinados se atreven a ir con la cámara réflex y hacen como que sacan fotos al mar, pero alguna teta se cuela en sus panorámicas con más arena y mujeres que cielo azul y paisaje.

Pilotos de flamingos y otros hinchables para todas las edades

De unos años para aquí, los hinchables King Size con formas nada discretas, son tendencia en las playas familiares. Los flamencos y los unicornios son los que más lo petan, pero se han convertido en un problema si quieres ir al agua a bañarte y está invadido de gente haciendo el postureo con estos flotadores gigantes. Aunque amenazan con extinguirse con la reciente aparición de un nuevo hinchable mucho más grande con forma de yate, apodado como el “yate de los pobres”, con capacidad para unas seis u ocho personas a un precio de 320 euros. Navegación en alta mar para economías tirando a normales.

Las tanoréxicas

Suelen tener entre 40 y 65 años. También hay hombres, pero, en su mayoría, son mujeres. La tanorexia es la adicción al bronceado, una obsesión que deja la piel innaturalmente oscura y como un higo seco. Las tanoréxicas nunca se ven lo suficientemente morenas. Acampan en el arenal casi al amanecer, se echan medio litro de aceite natural porque al parecer, potencia el moreno, y saludan el sol, vuelta y vuelta en la toalla como una croqueta, y así casi hasta el atardecer. Siempre llevan un vestido, bikini y pareo en amarillo porque es el color que más potencia el bronceado. Ponen en peligro su salud y necesitan ayuda. Si conoces a una tanoréxica, no la dejes sola.

DJs frustrados

No fallan. Estás tranquilamente en tu habitáculo de arena provisional y aparece la típica pandilla de amigos y amigas con la música a todo volumen en el teléfono móvil. Su preferencia es el regaetton y desconocen la vergüenza. Y, sobre todo, el respeto por el resto de gente que no está ahí para escuchar la música de nadie. Son los antiguos antisociales que en los años 90 iban con el radiocassette al hombro como un loro.

Basuras con patas

Una característica que tienen en común todos los tipos de tribus aquí comentadas, es que existen personas que piensan que la arena es un vertedero capaz de tragar sus basuras y que al día siguiente amanecerá como si nada hubiese pasado. Si eres un puerco, si eres una puerca, estás a tiempo de rectificar y recoger tus restos la próxima vez que vayas a la playa a torrar, a navegar con tu flamingo hinchable, a poner la música a tope o a hacer el postureo.

Corresponsales de postureo en directo

A esta tribu no le gusta la playa, le gusta el postureo en la playa. Sus prioridades son hacerse selfies, subir veinte stories en Instagram con bandas sonoras como "Tu piel morena sobre la arena" de Viceversa o algún hit veraniego de Sonia y Selena, la frase "aquí, sufriendo" y etiquetando la cuenta del ayuntamiento y la marca de crema bronceadora que están utilizando. Que el mayor número de personas posible se entere de que están en la playa luciendo palmito con el último bikini de Sara Carbonero, haciendo topless o ellos marcando cuerpazo de gimnasio con un bañador tipo braga, que marca más paquete. Son los últimos supervivientes con taparrabos. Flaquean las bases teóricas de la supervivencia de Darwin. Aguantan en la arena por las fotos, pero a los cinco minutos de llegar, están deseando ir al Beach Club a tomar cócteles de colores. Si una foto no gusta demasiado a los minutos de publicarla, pueden llegar a sufrir una depresión momentánea. Cuando llegan a casa, se dan cuenta de que han visto la playa más a través de la pantalla y en los likes de las redes sociales, que en directo.

Los buscametales

Y cuando ya nadie queda en el arenal, aparecen ellos, los buscametales. Los Indiana Jones de la bisutería de fantasía. Creen que van a descubrir vida en otro planeta a

veinte centímetros por debajo de la arena, pero no encuentran más que bisutería barata y monedas de 10 y 20 céntimos. Y de 50 céntimos los días de suerte. En sus cabezas era espectacular.