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Nuevas masculinidades sin complejos

Becaria nos descubre qué es esto de "nueva masculinidad" y cuáles son sus utilidades y beneficios.

Nuevas masculinidades sin complejos

Pixabay Nuevas masculinidades sin complejos

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Esto de las "nuevas masculinidades" suena a chiste, a "huelebragas", a hombres que se suben a la carroza de los aliados feministas para llevarse bien con las mujeres y lo que surja, pero, en realidad, las nuevas masculinidades son una cosa seria y muy útil y beneficiosa para toda la sociedad que no necesita ninguna denominación ni etiqueta, sino ser una persona normal. A los oportunistas con afán de arrimar la croqueta se les huele el escroto rápido y no pasa nada, lo mismo su cercanía sin éxito les sirve para reflexionar.

La vieja masculinidad es sinónimo de rancio, de machista, de ideales caducados, y no solo hay una masculinidad con fecha de caducidad más que pasada, sino unas cuantas, aunque con escasas variaciones. Es la masculinidad del hombre varonil, fuerte, que no llora, que te abre la puerta porque "las mujeres primero"; que mea siempre de pie y casi siempre mancha; que los homosexuales cuanto más lejos, mejor; que ríe todos los chistes malos de putas y maricones; que te piropea desde un andamio; que te pregunta en una entrevista de trabajo por tus proyectos fértiles; que opina en la oficina o en la calle sobre tu físico sin haberle preguntado; que siempre lleva una gota de líquido preseminal en los calzoncillos; que te empotra mal sin oxígeno y al borde del infarto porque es un follador de verdad; que te busca el clítoris en el ombligo; que tiene muy diferenciadas las cosas que son de hombre y de mujer; que mea Varon Dandy emocional. Un partidazo.

Cuando un machista clásico se siente atacado, recuerda que lleva usando polos de color rosa toda la vida, un detalle merecedor de un galardón, pero el hedor rancio lo lleva en el interior cuando esa es su única defensa y argumentación. Ser un hombre actualizado a la última versión, una nueva masculinidad, no significa salir en traje con falda y tacones para demostrar lo antimacho que eres, aunque si te apetece ponerte una falda, entendida como un atuendo femenino, ninguna ley te lo impide. Lo mismo pasa con las actividades deportivas y musicales, que en realidad existe un amplio abanico de posibilidades más allá de los cinco deportes hegemónicos de hombres viriles, que son el fútbol, baloncesto, béisbol, el ciclismo y la petanca. ¿No parece maravilloso salirse de este corsé de macho tan limitado y poder dedicarse al patinaje artístico o al ballet?

Frente al hombre de toda la vida en vías de extinción y que dan ganas de tirarle cacahuetes como a los chimpancés en el zoo, un hombre con la masculinidad renovada transgrede estos mandatos arcaicos de superioridad machuna, de roles femeninos y masculinos que ha ido heredando de la sociedad y la familia, y, si el cuerpo le pide llorar, llora, respeta a las personas independientemente de su sexo, orientación sexual, color de piel y lugar de nacimiento, se libera de los prejuicios adquiridos y las ideas de que los hombres son de Marte, las mujeres de Venus y que no entienden los mapas, y tampoco sufre impotencia emocional a la hora de transmitir sus amarguras y sentimientos.

Las nuevas masculinidades simplemente se basan en que no seas el machirulo de siempre, coño.

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