Quedar con alguien por redes sociales o estrechar lazos de una esquina a otra del bar, puede ser la decisión peor tomada si la intención principal es follar. Las matemáticas siempre aciertan, pero el instinto nos puede fallar. Cuando tienes claro que esa persona no te pone, siempre será una victoria darte la vuelta, cambiar de conversación, parar a tiempo o salir corriendo... como en los siguientes fatídicos coitos interruptus con tíos en la primera cita:

Es un amor y está bueno, pero parece tonto

Quedas con un tipo de Instagram muy majo y que hasta parece guapo, vas con las expectativas por las nubes y luego resulta que aun siendo agradable, estando bueno y oliendo bien, te parece un poco corto de mente, dice tonterías sin sentido y te seduce menos que un peluche de Bob Esponja con sombrero mexicano. Sabes que con él no te podrás correr, pero es un amor y tampoco saldrás corriendo. Le pagas la cerveza, lo invitas a gominolas de una máquina expendedora y os seguiréis poniendo likes en la media docena de redes sociales donde vais a seguir siendo amigos porque la atracción digital nunca muere.

Le huele la boca como un tubo de escape

Las distancias cortas pueden ser un arma de doble filo. Esa magia de su buena conversación a un metro y el brillo de sus ojos azules, se desvanece con el mal aliento que te llega a la nariz estando a una distancia prudente. No sabes si es que tienes muy mala suerte o estás sintiendo a flor de piel una guerra biológica profetizada por Nostradamus. Le ofreces un caramelo de menta potente contra el mal aliento y no te importa seguir hablando sobre la Guerra de Sucesión, la Peste Negra o la exhumación de la momia de algún dictador, y un "hasta luego", no sin antes desearle mucha suerte en el amor. Al marchar intenta darte un beso, le correspondes con un abrazo y le das una tarjeta de la academia de estudios de tu padre porque te acaba contando que está planteando hacer oposiciones. Deseas por lo bajini que ojalá se recupere.

Te entra a saco como un mamut en celo

Son las 17:00 de un día cualquiera, se pide el whisky más seco, se moja los labios y te dice que él es un macho de los de verdad. No sabe ni cómo te llamas y ya te está intentando penetrar con la lengua la oreja mientras te susurra con la voz cascada: "tienes las tetas pequeñas, pero con ese culo me garantizo el pan hasta el fin de mis días". Es un fantoche y un machirulo, y le pides a la camarera un bollo o una bolsa de patatas fritas a la vez que le dices al tipo: "mira, Adolfito, dosifica bien esto, que es lo que te vas a comer desde hoy hasta el final de tus días". Te vas y le dejas el pufo para que lo pague él todo.

Bajón en pelotas

Una vez en bolas y superada la fase de despojarse la ropa, no te gusta algo; huele mal, se pone un gramo de cocaína en el glande para que le hagas sexo oral sin acordarlo contigo o no tiene el miembro de 25cm que te mandó por WhatsApp y te decepcionas por la gran mentira más que por el tamaño. Sales corriendo sin haber consumado y borras todo rastro digital para difuminar la realidad de haberos conocido.

Solo sabe hablar de su ex

Va de hombre nuevo, galán reconvertido, pero es un capitán pollatriste deprimido. Solo habla de su ex. Dice que te llamas como su ex, que usas el mismo perfume que su ex y que su ex también tomaba el café solo con sacarina. Eres el espejo de su respetable expareja. Presume de conocer el alma femenina, pero es un zoquete y te está amargando la cita. Necesita afrontar su duelo con otra actitud y aún no lo sabe, y no eres tú quien se lo va a explicar. Vas a pagar el café y su cerveza sin gluten, le das un abrazo de mentira y te despides con un "un placer haberte conocido y a pasar una feliz eternidad".

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