Cuando un tipo me insinúa por redes sociales o en un bar el tamaño de su gran falo, suelo preguntarle: "¿y en erección cuánto te mide, guapi?", o lo bloqueo en mi vida directamente, según tenga el día. El tamaño es muy importante, sobre todo para el tío que necesita sentirse un macho poderoso y lo único que tiene es un nardo entre normal y vigoroso, pero muy mal gestionado. Existen viejas creencias que aseguran que si ciertas zonas del cuerpo son grandes, el pene también lo será, lo que yo llamo “la homeopatía del nabo”, pero el único método válido para saberlo es viéndolo o teniéndolo tieso entre las manos.

 

El método uniceja

Existe una pseudociencia imaginaria que estudia la relación entre el tamaño y grosor de las cejas con el del pene. Pero, lamentándolo mucho, no se ha encontrado ningún análisis científico que relacione que un tío sea cejudo con un gran bulto entre las piernas, aunque Google Maps geolocalice erróneamente los bosques amazónicos en tus cejas. Lo siento.

Apéndices corporales independientes

Tener la nariz más larga que Pinocho, medir como un jugador de la NBA o calzar unos zapatos como barcos, tampoco confirman que el pene vaya a ser como la anaconda de Rasputín. No hay ninguna evidencia que relacione el tamaño del pene con ninguna otra parte del cuerpo, ni para bien, ni para mal.

La presión social del falo: ni tanto ni tan poco

Según un estudio de 2017 del portal Estatista, España es uno de los países de la Comunidad Europea con el pene más pequeño: 13,97 centímetros en erección. Con este número, cuesta entender el paquete de condones XXL siempre en cabecera en las farmacias. ¡Vaya visión comercial!

Hay que reconocer que la presión social que recibe el hombre con el tamaño de su verga es para acabar en el psiquiátrico. La preocupación e insistencia en que el pene tiene que ser como una tuneladora de metro potente y desatascadora de profundidades, ha llevado a que existan multitud de aparatejos, tratamientos con pastillas, prácticas quirúrgicas y no pocos timos para su alargamiento y ensanchamiento. Hasta los curanderos se aprovechan de esta flaqueza de muchos, lo que El Fary metería en el cajón de “el hombre blandengue”. Pero, en realidad, salvo en casos de extremo enanismo y por la propia autoestima, de poco sirve acabar en quirófano para rellenar el glande de ácido hialurónico.

¿Boca y dedos para compensar?

No voy a recurrir al topicazo de que siempre están los dedos y la boca para compensar una polla discreta, que no hemos venido aquí a hacer un muro de las lamentaciones. Pero una grande tampoco garantiza que lo vayas a hacer mejor que otra 5 centímetros más pequeña. Follar es como comer, a veces nos entra más por el ojo que por los agujeros, pero que no sea por no intentar engullirlo todo. Siempre mola sentirse bien llena. Es más una cuestión psicológica, tanto para quien mete como para quien recibe. Nos entra más imaginando a tope

nuestras entrañas que intentando abarcarlo todo. No hace falta tenerla como una anaconda de larga, porque a veces puede no ser del todo ergonómica y hacer daño, pero sí es verdad que en otros casos tampoco llegará por tamaño ni grosor a esos puntos que más gustirrinín nos dan y no están precisamente en el fondo de la vagina, y la sensación vendrá a ser igual de decepcionante.

A ver, el tamaño importa, claro que importa, pero, en realidad, meterla/sentirla dentro no es siempre tan importante. También hay que ser realista y no perder nunca la autoestima, no va a crecer cuatro centímetros de repente por preocuparse. En ocasiones, follando hay que echar mucha imaginación, y también mucha psicología. Follar, a veces, es ni meterla.

Los milagros no existen y tenemos que arreglarnos

El clítoris está para algo, y el pene está muy mal pensado para las relaciones heterosexuales, porque al miembro no le sale ningún tentáculo para friccionar el clítoris que dé placer como es debido. Por cuestiones anatómicas, en el sexo vaginal se agradece más el grosor que el largo. Y también se agradece que sea un poco menos tuneladora de metro para el sexo anal. Todo tiene sus pros y sus contras.

Es lo que hay, quiérela, quiérete. No pasa nada, podemos ser amigos igual y visitar muchos otros parques de atracciones. Y lo que surja.

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