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Métodos anticonceptivos que usaban nuestras madres y abuelas

Becaria repasa cuáles eran algunos de los metodos anticonceptivos más comunes usados por las mujeres hace años.

Pareja de ancianos

Pixabay Pareja de ancianos

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Los cuarenta años de dictadura en España hicieron mucho daño en general, y en la vida sexual de la gente sobremanera. De las mujeres en concreto, quienes cargan con las evidentes secuelas del sexo sin protección, enfermedades aparte. Por entonces, con todos los métodos anticonceptivos prohibidos, no les quedaba más remedio que tirar de sistemas "naturales", casi delirantes y hoy impensables, para mantener relaciones sexuales evitando los embarazos no deseados que, evidentemente, muchas veces salían mal. Los anticonceptivos eran casi tan ciencia ficción como el aborto, que lo mismo para conseguir una crema espermicida o para interrumpir un embarazo había que ir a Londres, algo al alcance de los cuatro pudientes.

La venta de anticonceptivos estuvo prohibida en España hasta 1978, aunque sí se podían comprar preservativos clandestinamente y con cuidado como si fueran droga, y se vio algo de luz con la píldora anticonceptiva a partir de 1964, que solo se vendía con receta médica y como tratamiento ginecológico para regular el ciclo menstrual. Aquí las mujeres de la época se la metieron doblada a la dictadura y empezaron a usarla para poder tener sexo sin riesgo de preñeces gracias a la complicidad de algunos médicos decentes. No evitabas pillar otras enfermedades de transmisión sexual casi tan fatídicas como un embarazo no deseado, pero algo es algo.

Método anticonceptivo Ogino-Knaus

Uno de los métodos anticonceptivos “naturales” usados por nuestras bisabuelas, abuelas y madres era el Ogino-Knaus, basado en la abstinencia sexual, limitando las relaciones a los días en que la ovulación no era posible. Para ello, tenían que hacer unos cálculos muy caseros con el bolígrafo en una mano y el calendario en la otra contando los días del ciclo menstrual. Fallaba más que una escopeta de feria, pero fue un referente por entonces, aunque no parece que mereciera la pena tanto cálculo para un polvo mal echado y quedándote preocupada por si habría fallado.

Método anticonceptivo por temperatura

Este sistema basado en la temperatura corporal basal da fiebre imaginarlo. Consistía en tomar la temperatura todos los días en la boca, el recto anal o vagina, no servía en la axila, y anotarla en un cuaderno cuadriculado, el Excel de la época. Se suponía que la subida de temperatura entre 2 y 6 décimas indicaba una posible ovulación, cuando se debía evitar el sexo al ser los días fértiles del mes. Una referencia muy exacta y segura, sí, con una efectividad muy en la línea del Ogino-Knaus, porque quién no te dice que la subida de temperatura es estrés, indicios de gripe, ¡Covid-19! o cualquier otra avería.

Observación del moco cervical y dolor abdominal

Otros sistemas para tirarse del pelo de la cabeza eran los de la observación del flujo, que según su aspecto puede indicar en qué fase de la ovulación te encuentras, y el del dolor abdominal a mitad de ciclo, que puede indicar también la ovulación. Según esto, cualquier padecer físico de la mujer giraba en torno a la ovulación, la regla y la posibilidad de quedar o no embarazada.

De estos métodos anticonceptivos más emocionales y místicos que científicos se habló más allá de la Transición, porque el fantasma de la dictadura fue muy amplio. En el libro "Anticonceptivos, pros y contras de cada método" (1988) de un señor doctor llamado Pedro de Castro se comenta con detalle todos estos sistemas, haciendo hincapié en su baja efectividad y, especificando que "no plantean problemas religiosos", sin especificar que en España podías abortar en determinados supuestos desde 1985.

Desde entonces se han corrido tupidos velos, pero no podemos bajar la guardia porque cada poco nos viene algún muerto viviente a recriminarnos delirios en contra de la libertad sexual y de elección de las mujeres, que aún escuece.

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