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Hombres, sexo anal y flojera de próstata

China ha empezado a hacer PCR's anales para la detección precoz del Covid-19.

Enfermera con guantes

Pixabay Enfermera con guantes

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La noticia de que China ha empezado a hacer PCR's anales para la detección precoz del Covid-19 porque cuentan con más precisión que las pruebas nasales, sistema que Galicia ya ha importado para casos especiales, ha vuelto a poner en evidencia el tabú que rodea a todo lo que tiene que ver con el ojo del culo, sobre todo en algunos hombres.

A raíz de esta opción para ver si te has contagiado de Covid-19, ha surgido mucho cachondeo. No es para menos, y reírse es una urgencia y una prioridad. Pero detrás de todo humor referido a lo anal, hay muchos usuarios desviando la atención de sus inquietudes y complejos prostáticos con humor escatológico. Este podría ser un buen momento para dar voz a las bondades y placeres del sexo anal, porque meterse un dedo en el culo a escondidas también es sexo, pero el macho ibérico español prefiere dar difusión al meme con unas famosas galletas en forma de barra bañadas en chocolate marrón, pues para qué va a promocionar el gusto que le da estimularse la próstata en su soledad.

Se hacen chistes con lo sucio del sexo anal heterosexual, como si a la hora de chuparles a ellos el miembro eréctil y las gónadas testiculares no fuese necesario un buen lavado para que no sepa eso a perro muerto. Pero, previa higiene a conciencia, hay que meter el dedo a este tema que causa tanto reparo como la penetración anal para esos hombres heterosexuales que, como suelen decir ellos, «por el culo ni el bigote de una gamba», y que si se trata de hacérselo a la novia, mujer, amiga o lo que sea que tengan oportunidad, ya van a saco con la mano abierta y con el mástil como el tronco de un árbol milenario y sin avisar.

Pero es lo que hay en nuestra cultura y educación reciente, y de la que se sigue mamando hondamente. Vinculan la penetración anal pasiva con lo homosexual, considerado lo malo, pecaminoso y aberrante, por ende, el macho ibérico siente reparo al pensar en el disfrute con su agujero, y si lo usa, trata de disimular en sociedad por todos los medios haciendo chistes zafios o tirando la pelota a otro tejado llamando "maricón" al primero que lo meta en un aprieto. Es la herencia católica y represiva que arrastramos. Cualquier vistazo a la biblioteca sobre lo anal en nuestra homoerótica y homófoba España reciente, seleccionando referencias al azar y sin rebuscar demasiado, se leen cosas como que «El coito anal solamente lo realizan los masoquistas y los amorales de la genitalidad» de Ricardo Blasco en "Las aberraciones sexuales" (1968) o «El enfermo (refiriéndose al homosexual) se limita a maniobras episódicas de masturbación anal o alguna vez llega al coito contranatural» de un tal Dr. Charles en "Homosexualidad femenina y masculina" (1965), y hasta hoy arrastramos esta consideración de enfermo neurótico del hombre homo, siempre vinculada a sus gustos placenteros anales. Qué vamos a esperar de cara a la galería si hasta hace menos de cincuenta años se daban descargas eléctricas a esos hombres con impulsos "contra natura", y aún hay partidos políticos con millones de votantes que abrazan estas ideas tan de la caverna con hedor a rancio. Qué bien les iría para derribar sus muros hacer la PCR anal en las estaciones Auto-Covid sacando sus culos por la ventanilla del coche. El resultado vírico sería lo de menos. Ahora sí, el meme de las barritas de galleta con chocolate, buenísimo.

Como dice un amigo de mi jefe que sobrevivió a las últimas represiones de Paca, «ir de macho, ibérico o escandinavo, siempre me dio vergüenza ajena. Lo de hurgarse uno donde la plazca, estoy muy a favor. Todo junto es un problemón». Venga, que estamos en 2021. De la falsa moral y del sentimiento de culpabilidad por hurgar en la próstata en secreto, también se sale. Ánimo.

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