Las frases positivas son el agua con azúcar del optimismo: palabras diluidas en un irracional vacío. Cualquier parecido con la homeopatía no es una casualidad.

Lamentablemente, hay mucha gente timada por este fraude verbal de la frase moñas irracional. No todo el mundo seguidor de esta literatura está para encerrar, pero hay casos muy preocupantes. No debemos confundir el hecho consumir tazas, agendas, libretas y camisetas con frases ridículas, horteras y que en algunos casos rozan el sinsentido, con ser una persona positiva. Fantasías e ilusiones infantiles de los mundos de Yupi que no se corresponden con tener una posición optimista y realista ante la vida.

Este perfil de personas consumidoras de frasecitas de gatillo fácil y ansiolítico en el bolsillo que se creen gente positiva por responder a todo con frases de taza, resulta que luego son siempre la gente más triste, aunque a veces confunden el personaje feliz con la realidad y son incapaces de reconocer lo hundidos en la miseria que están. Se proclaman autodidactas del pensamiento y lo que necesitan es ir al psicólogo. Son los damnificados por las tazas de Mr. Wonderful, y aún se autoproclaman con autoridad para soltar sus frases brillantes leídas en el último manual de algún gurú del multinivel emocional a modo de terapia para tus problemas sin habérselas pedido.

Hay quien, cuando ya ha respondido con todas esas frases de taza que conoce, sigue respondiendo con otras inventadas, siendo capaz de empeorarlas, en plan: "Si buscas la puerta, el camino aparecerá solo", "Siempre hay una fuente para quien se hace responsable de su sed", "La vida es ahora", "Detrás de las ventanas está el mar" o "Si ves un descampado, píntalo, imagina que es el paraíso". Evidentemente, no valen para nada. Viven al límite hasta que se les estampa una taza de casi veinte euros en el suelo. Sus perfiles en redes sociales parecen vallas publicitarias de los años 90 con frases, fotos de paisajes, flores y la cara de Paulo Coelho sentando cátedra en la antipsicología para salir corriendo. Cuando hay dramas sociales graves, responden a las noticias de los medios de comunicación en Facebook con mantras de autoayuda y ánimos como si las personas afectadas los estuvieran leyendo. Se autolikean en todas las redes sociales porque toda acción positiva suma. Lo coherente en estos casos es no responderles nunca a nada y si alguien nos pregunta, hacer como que no los conocemos.

Su sección favorita de librerías y bibliotecas es "autoayuda". Siempre en búsqueda del bestseller de algún curandero de los sentimientos que no aporta nada. Todos estos libros tienen en común un formato diseñado como si su público tuviese las capacidades mentales mermadas. Las metáforas de subir peldaños de escaleras son su recurso literario de cabecera. Cuando ven algo muy negro, lo arreglan todo con un "impossible is nothing"... pero nothing de nothing. Y menudo estruendo luego al pegarse de bruces contra la realidad.

A ver, siempre hay algo imposible, no hace falta que intentes cualquier fantasía que se te pase por la cabeza. Tanta literatura para poner parches a los problemas reales no es la solución, es una pseudoterapia tomada con emoción llena de trampa y cartón. Montañas rusas de emociones que solo pueden desenmarañar aquellos profesionales de la cabeza.

De verdad, fans de la autoayuda, de las frases de sueños imposibles, el poder de la atracción, el karma y los lunes maravillosos por obra y gracia del creativo de turno diseñando agendas en un sótano taciturno. Dejadlo ya, volved a la realidad y disfrutad del encanto de los problemas sin solución y del olor a rancio de la zona de confort.

Las autoridades advierten que de la autoayuda barata, al igual que de dar la lata con necedades, también se sale.