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Fuera dramas: la pandemia nos ha traído cosas muy positivas

Alguna cosa positiva le podemos sacar a tener que estar todo el día manteniendo la distancia entre personas, lavarnos las manos como tarados mentales y rechazando saraos sin que parezcan falsas disculpas.

Chica con mascarilla

iStock Chica con mascarilla

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No, este no es un artículo de autoayuda para curarte la angustia por la situación pandémica, pero quédate, ya nada puede ir a peor. Cuesta ver el lado bueno a una pandemia que ha dejado en evidencia, además de lo evidente, el lado más egoísta, ignorante e imbécil de alguna gente, pero tampoco vamos a ser tan catastrofistas después de todo, que alguna cosa positiva le podemos sacar a tener que estar todo el día manteniendo la distancia entre personas, lavarnos las manos como tarados mentales y rechazando saraos sin que parezcan falsas disculpas. ¿Por ejemplo?

Adiós a los besos por compromiso social

Se acabaron esos besos sin ganas cuando te encuentras con gente que no te interesa o no te motiva más que para un "hola y adiós, muy buenas" y ya está, pero que antes siempre acababan con dos besos al saludo, dos besos a la despedida, y entre tanto; "señora, haga el favor y suélteme del brazo". En estas circunstancias de la socialización superficial hemos ganado relajación en las mandíbulas y espero que se mantenga la nueva costumbre impuesta para toda la vida.

Adiós a los besos y apretones de manos en el trabajo

Personalmente, dar besos y la mano a señores con corbata es casi lo peor que he llevado en todos los trabajos, y sin estar contemplado en los contratos. Que ahora un cliente o comercial mantenga un mínimo de metro y medio de distancia con tu persona, es quizás el mayor "regalo" de esta situación, porque nunca ha aportado nada más que una falsa cordialidad y acercamiento físico incómodo para quienes no soportamos que nos toquen si no es con un ánimo tirando a afectivo y/o sexual. No es de extrañar que, en estos tiempos de pandemia, el coach sobón de mi actual empresa vaya empalmando bajas por ansiedad, estrés y depresión.

Bodas, bautizos, comuniones y otros funerales

Quienes habéis cancelado vuestra boda o comunión de los niños este verano, siempre en mi equipo. Sabéis que a la mayoría de invitados nos dan pereza vuestros saraos que nos comprometen las ganas y el dinero, y agradecemos que hayáis tenido la consideración de posponerlos para un grupo de los más allegados o para nunca jamás. Muchas personas podremos sobrevivir sin formar parte del dantesco espectáculo de vuestros familiares y amistades borrachos en un mismo espacio. Casarse no es tan importante, que luego se junta con el separarse o el divorciarse y son todo líos. Lo mismo sucede con esos entierros de gente no especialmente próxima y a los que todo el mundo hemos ido alguna vez por compromiso. Con las reducciones de aforo, la pandemia ha puesto en su sitio a lo verdaderamente importante; las relaciones próximas y los sentimientos reales, y ha dicho adiós a los suplicios sociales superficiales.

Fin a las aglomeraciones

Si bien se echan de menos los tumultos en los bares y en los conciertos, las distancias cortas y los roces entre nuestros iguales, se agradece ir de tiendas y no tener que resoplar y perder la paciencia entre pasillos con colas interminables. La distancia de dos metros entre desconocidos debería ser una norma obligatoria en el libro de la vida sin necesidad de que los negocios fracasen. Que vuelva ya la vieja normalidad, pero parcialmente.

Evitas apestosos perfumes, halitosis y otros malos olores

Y, por supuesto, si algo positivo tienen las mascarillas además de la protección frente a los contagios, es que evitas que penetren en tu nariz esencias procedentes de bocas pestilentes, perfumes de baja tolerancia y otros malos olores corporales. Hay que poner más en valor el bienestar de la ausencia de hedores y la lejanía interpersonal. Somos seres independientes, no necesitamos estar cerca sin desearlo. Esperemos que este sea el mejor aprendizaje y herencia de la pandemia: que, por favor, corra el aire.

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