Poner una excusa para no follar con un tío es un deporte de riesgo porque nunca sabes por dónde te va a salir el matrioska de turno. Decir la verdad siempre es lo mejor en cualquier circunstancia de la vida, pero hay momentos en los que no merece la pena atizar con el látigo de la sinceridad, como es este caso: cuando no te apetece el contacto sexual con un tipo por algún motivo que pudiera resultar hiriente en su más directa explicación. En circunstancias así, vale más poner una excusa piadosa y si te he visto, no me acuerdo, hasta siempre y a pasar una feliz eternidad.

"Me duele la cabeza" es la típica excusa de las relaciones de pareja cuando ya no hay entre los dos más que aburrimiento, muerte y destrucción. Lo mejor sería no estar juntos, pero la rutina es complicada de romper y tomar un ibuprofeno de mentira siempre es el placebo más efectivo para el engaño a una misma. Diferente es cuando acabas de conocer a un tipo y el dolor de cabeza, así de buenas a primeras, no cuela. A nadie le duele la cabeza en la primera cita. Suponiendo que no te apetezca follar porque al sujeto le canta la boca como un tubo de escape, lo mejor es una excusa que no dé pie a réplica ni segundas opciones para que no te pille desprevenida, por ejemplo, puedes hacer como que vuelves del baño horrorizada porque te acaba de venir la regla de sorpresa, te estás empezando a sentir mal y finalizas con un "llevo muy mal el asunto menstrual y me vuelvo un poco ciclotímica, mejor lo dejamos para otro día", y que resultará ser nunca más.

Cuando quedas con muchas ganas con un tío, las expectativas son altas y luego resulta que, a pesar de ser guapo, te parece tonto y no se te endurecen los pezones ni con cubitos de hielo, decir la verdad en un momento así es complicado, poco agradable e innecesario. No queda más remedio que tirar de excusas y salir corriendo. Si el tío vive con sus padres, comparte piso o tiene pareja, sabes que te toca poner a ti la cama, los kleenex, la ducha y lo que surja. Lo mejor es hacerte la sorprendida y darle largas para otro día diciéndole que tienes la casa muy desordenada y te da palo, o que te acabas de mudar y lo tienes todo lleno de cajas, ropa, libros, un reptil o el cadáver de quien se te ocurra inventarte en ese momento. No falla.

"Es que voy sin depilar y me da cosa" es otra excusa, cada vez en más desuso porque ahora lo que se lleva es reivindicar la libre elección de elegir no sufrir quitándote los pelos. Pero si eres una esclava de llevar la piel suave y alopécica como el culo de un bebé por amor y decisión propia para tu gusto y bienestar, siempre lo puedes usar también por interés propio, como una excusa para darle puerta a algún tío con el que tenías un polvo comprometido y ya no te apetece. Si insiste; "Fermín, llevo el coño peludo como el bosque del Amazonas y me da palo ", y si sigue dando la turra con que es su fantasía estar con una chica con el monte de Venus muy frondoso, no te quedará más remedio que ponerte firme y mandarlo a un descampado solo. Porque aunque para decir "no" no hace falta excusarse, la práctica es más complicada que la teoría y una excusa de este calibre piloso puede sacarte de muchos apuros comprometidos, aunque con cierto margen de error, sin ningún tipo de compromiso. Por los pelos.

Y cuando no estás católica, apostólica ni romana, porque no, pero sí muy protestante, porque no tienes el horno para bollos y punto, no les quedará más remedio que aceptar que has quedado al día siguiente para ir con tu abuela a misa de 12, que no tienes los chackras alineados o que eres testigo de Jehová y tu religión te impide el comercio carnal con hombres no casados con el dios de turno. Da igual qué dios sea. Y, al fin y al cabo, que no te apetezca nada con un tío, no merece perder mucho tiempo ni la más mínima explicación.