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Especímenes en peligro de extinción con el distanciamiento social

Becaria nos desvela qué tipo de personas indeseables que invaden tu espacio personal podrían desaparecer.

Personas en una playa (archivo)

Pixabay Personas en una playa (archivo)

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Si se puede sacar alguna cosa positiva de este drama de la distancia entre personas para evitar el contagio del  coronavirus, es el peligro de extinción que ahora corren ciertos especímenes que nunca han tenido buena aceptación social por ser unos violadores de tu espacio vital, por ir más allá de lo establecido como distancia a respetar en la interacción humana dentro del espacio físico que nos toca compartir. Me vienen a la cabeza varios fichajes de los que nos libraremos y lo celebraremos, o eso espero, cuando ya estemos en la nueva normalidad tratándonos de lejos como apestados, pero con normalidad al fin y al cabo:

El turras de bar

Ese pesado que te metía la cara mientras pedías un café en el bar de los descansos en el trabajo o en un antro de copas cualquiera a las 5 de la madrugada, tiene las horas contadas. O al menos, su estrategia. Ahora que la distancia mínima debe ser de dos metros, le toca reinventarse, pasarse al ligoteo online o golpearse fuerte el pecho y asumir directamente su extinción. Se desconocen casos de éxito con ese antiguo sistema y por fin se cumplirá esa crónica de la muerte anunciada de imposible salvación.

El rondador de playa

Intuyo que este verano se cocinará más de un conflicto en nuestros arenales. Ese típico cruasán que siempre paseaba entre las toallas y te daba conversación sin conocerte de nada o simplemente ponía su toalla cerca de la tuya estando la playa con una hectárea libre, quizás vuelva a hacerlo motivado por su autoestima caliente e inflamada como un bizcocho en plena cocción en un horno industrial. Pero sus calandracas se notarán debilitadas. No tardará en darse cuenta de que si antes era un apestado con su bañador de talla equivocada y su actitud invasiva, ahora más.

El saludador efusivo

Todo el mundo conocemos a alguien que, cuando nos encontramos por la calle, nos saluda efusivamente con besos, estrujones y apretones en los brazos con una pasión no correspondida. Nunca hemos conseguido quitarnos de encima a esta gente que tiene un radar para detectarnos desde bien lejos y acapararnos, y nos pillan sim capacidad de reacción para salir corriendo. Por fin, como buenos apestados emocionales, ahora nos evitaremos esos contactos físicos no deseados por esas personas que no nos despiertan el más mínimo aprecio. Ojalá desaparezca el virus, pero este distanciamiento se mantenga hasta el final de nuestros días.

Testigos de Jehová

Una de las sectas internacionales más conocidas y que plagan nuestras calles con sus predicadores intentando captar a nuevos miembros, desaparecerán hasta extinguirse si no se les ocurre algún método más distante y moderno, dado que lo tendrán más complicado para darte la chapa con los jinetes del Apocalipsis y los folletos con fotos setenteras y cuestiones tipo: "¿Le gustaría saber la verdad?", "¿Existió Jesús?" o "¿Dónde podemos hallar consuelo?". Además, sus comerciales suelen ser señoras de avanzada edad, el grupo de mayor riesgo, y no deben jugar así con su salud, si bien ya lo han hecho durante toda la vida con sus emociones religiosas, sectarias y dinero.

Que corra el aire, por favor.

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