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@BECARIA_

¿Eres un pollavieja?

Becaria explica qué es un pollavieja y cuáles son sus principales características.

Hombre mayor (archivo)

PIxabay Hombre mayor (archivo)

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"¿A partir de cuántos años se es pollavieja?", "¿Soy yo un pollavieja?", me preguntas con tu pupila clavada entre el espejo y tu partida de nacimiento. Te has ofendido porque en un comentario de Twitter y en un diario digital alguien se ha referido a ti como «pollavieja» porque mencionaste esa fantasía de las «denuncias falsas de mujeres» en una publicación sobre un supuesto caso de acoso sexual a una chica, y también has preguntado eso de "¿Para cuándo el Orgullo Hetero?" a raíz de una noticia sobre la manifestación del Día del Orgullo LGTBI. Te cuesta responderte a ti mismo ante el improperio porque tienes 34 años, te sientes en la flor de la vida y te consideras un ciudadano ejemplar que, incluso, cuando sales del supermercado le echas medio euro a la persona que está pidiendo en la puerta. Blanqueas tu fatídico comportamiento con buenas acciones sociales, que tampoco es que arreglen mucho, pero tú ya te vas a tu cueva más tranquilo.

Pero vayamos por partes. Ser un pollavieja, no necesariamente va unido a una edad biológica avanzada: puedes tener 25 años y serlo, incluso puedes casi haber nacido siendo pollavieja por recibir una educación machista, homófoba y racista, que vienen a ser los pilares del pollaviejismo. Y puedes tener 75 años y para nada ser un pollavieja, sino una persona normal, respetable y ejemplar.

Las ideas y la actitud son el indicador de cuán pollavieja eres: si piensas que una chica usa minifalda para provocar, eres un pollavieja. Si consideras que las personas homosexuales no deben casarse, o que hagan lo que quieran «pero que no se le llame matrimonio», eres un pollavieja. Si te ofende que dos gays se den un beso en la calle, eres un pollavieja. Si vas de caballero sujetando la puerta a tus compañeras de trabajo y luego las incomodas con indirectas sexuales cuando sabes que les resultas nauseabundo, eres un pollavieja. Si tu hija tiene nuevo novio y te parece de baja estofa humana porque no es español ni tiene el mismo tono de piel que tú, eres un pollavieja. Si una mujer transexual te parece una mamarracha y, a la vez, ves porno de «mujeres con rabo» porque te excita esa condición biológica, eres doblemente pollavieja.

Los principios machistas, homófobos, clasistas, racistas y xenófobos van de la mano, y todos definen al pollavieja, ese hombre que aparenta ser normal, que avanza por la vida con superioridad moral de señor de cualquier edad con inequívocas ideas, y no es más que un carcamal decrépito emocional redomado.

Hay pollaviejas en todo tipo de empresas, grandes, medianas y pequeñas, en el sector educativo, en todas las clases sociales, comunidades de vecinos y partidos políticos, aunque en unos más que en otros. El Congreso de los Diputados está apestado. Poco hay más transversal que el pollaviejismo y la justificación de todas sus cagadas. En tu mano está reconocerlo, cambiarlo y ser una persona con una mínima dignidad.

Ánimo, pollavieja, que del pollaviejismo también se sale.

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