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Disfraces de carnaval para ofender

Becaria nos cuenta cuáles son los disfraces que más pueden ofender a la gente.

Personas disfrazadas

Pixabay Personas disfrazadas

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Carnaval, una de las mejores fiestas del año, muy por delante de otras celebraciones también dadas a disfrazarse como son Navidad o Semana Santa, nos toca sacrificarla por esta vez. En muchos sitios los bares están cerrados, y los que están abiertos es con incómodas limitaciones, por lo que el despiporre de este día que pide alcohol, vestirse como una mamarracha y reír muy alto, va a haber que posponerlo haciendo un sobreesfuerzo de responsabilidad. Pero lo que podemos seguir manteniendo es la costumbre de ofender con nuestros disfraces, si no es en la calle o en los bares, otra buena opción es disfrazarse en casa y enfadar a alguna persona desconocida a la que no has pedido opinión en redes sociales.

Disfraces de profesiones sexys

Una polémica que nos hemos ahorrado este año ha sido la retirada de disfraces sexistas en los centros comerciales. Es decir, disfraces de profesiones como enfermera, policía o secretaria erotizados, todos de mujer, retirados "gracias" o "por culpa" de las críticas recibidas a sus catálogos en redes sociales. Nunca me ha parecido que "censurar" disfraces sea lo más acertado en el siglo XXI, y menos en una fiesta como Carnaval, que es para subvertir el orden y vestirte de cardióloga sexy, coronavirus borracho, bombero con el pene fuera o policía amante de los ositos de peluche, si es lo que te apetece. Pueden gustar o no, pero si a ti no te gustan, te puedes vestir de funcionaria, de enterrador o de crupier, dejas que el mercado de los disfraces se regule solo y todas felices. También puedes optar por quedarte llorando en casa. Si es por ofender, ha quedado claro que cualquier mojigatería vale.

Disfraces de políticos

Disfrazarte con coleta y chepa y tu pareja en silla de ruedas, puede parecer un buen plan para dejar claro a quién no votas, y puede que hasta los propios aludidos hagan retweet a tu disfraz. Del mismo modo que vestirte de buen español, con barba, el culo respingón y una bandera del arcoíris o de calvo bajito uniformado y monórquido con una pancarta reclamando igualdad, también puede dejar claro de qué pie político cojeas, con la diferencia de que igual acabas en Urgencias o en la cuneta. El objetivo es reírse y también usar el humor para hacer crítica política, pero diría que hasta podría ser peligroso disfrazarte del adversario cuando se trata de extrema derecha con motivos progresistas, porque cualquier atisbo de Derechos Humanos poniendo color a la infamia puede ser motivo de ofensa y ganarte unos castañazos. Menos mal que tras una pantalla estamos a salvo.

Disfraces religiosos blasfemos

Vivimos en la era de la ofensa y nos la cogemos con papel de fumar y con muchos más remilgos que nuestros antepasados de la Edad Media, pero aquí hemos venido a jugar. Ofender a un comesantos, a una persona muy religiosa, es lo más sencillo del mundo aunque no sea tu intención más allá de utilizar con humor esas ideas estrambóticas y rocambolescas que defienden las sectas religiosas de cualquier confesión. Cualquier disfraz de obispo, cura o monja casquivana puede cumplir su función. Monja con hábito hasta el muslo, medias con liga y tanga con crucifijo al revés puede ser más que suficiente para poner los nervios como escarpias a un Borja Mari de misa dominguera o a los "abogados que tengo aquí colgados", como diría un amigo letrado que trabajó en un bufete afín a una famosa secta cristiana durante tres años. Cualquier religión o creencia esotérica sirve para ofender aunque sea en una fiesta satírica.

Disfrázate de ti mismo

Da igual lo que hagas, digas o cómo te vistas. Vístete de ti mismo, de ti misma, seguro que a alguien acabas ofendiendo sin haberlo premeditado: a un calvo, a un simpatizante fascista, a una mojigata, a un curandero, a un hombre con el pene pequeño, a una timada por la homeopatía y el reiki, a un empresario de pacotilla, a una dependienta de Zara, a un cornudo o a un obrero que defiende a corruptos. No admitas quejas ni devoluciones, simplemente ríete, y si la cosa se pone fea, silencia y bloquea.

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