Operaciones quirúrgicas arriesgadas y no siempre con éxito, métodos actualmente impensables para parir sin dolor o pseudoterapias peligrosas utilizadas hace décadas que nunca han servido para nada y aún se siguen utilizando. Los bajos siempre han sido unos grandes sufridores de las deficiencias de la ciencia, la ignorancia e incluso de la intervención militar en reconocidas gónadas. Aquí van varios personajes que, sin tener nada que ver la naturaleza de las averías de unos y otras, directamente o indirectamente, han sufrido en su genitalia las consecuencias de la guerra, han usado sus restos biológicos para 'tratarse' otros problemas o han sido conejillos de indias para la ciencia obstétrica, anal y clitoriana:

Mahatma Gandhi y la orinoterapia

El famoso pacifista indio recurría a la orinoterapia por vía oral para 'nutrirse' durante sus ayunos. Vamos, que encima de hacer huelga de hambre, alimentaba al gusano del estómago con una ligera dosis de toxicidad, pues ya se sabe que la orina no es precisamente un brebaje de laboratorio y su ingesta puede provocar infecciones. Un atentado contra la salud que algunos califican como medicina alternativa. Recientemente, el Ministerio de Sanidad español catalogó ésta vigente técnica de chamanes y vendehúmos de la salud como una pseudoterapia, al no tener ningún respaldo científico para considerarla segura y eficaz. ¡Gandhi, magufo, la que has liado!

El Rey Sol y su real fístula en el orto

Era el siglo XVII y la medicina andaba en pañales, siendo generosos. Luis XIV, un gran aficionado a montar a caballo, sufría una fístula anal 'que comunicaba por medio de un pequeño túnel el recto con la piel del culo', palabras del médico Pedro Ramos Calvo, y esta situación en sus bajos fondos le estaba haciendo la vida imposible. El monarca ordenó el preparado de brebajes sin éxito probados en otras fístulas de gentes con bajo status social, y la cirugía anal testada primero en los rectos de plebeyos parisinos, en este caso mejor parados, antes de intervenir su tercer ojo. Una intervención a cuatro patas muy sonada por sus gritos, pero con exitoso final, que formó una gran lista de espera de nobles en la agenda del cirujano para intervenir las fístulas de sus respetables anos. Por aquellos tiempos, era imposible sufrir este mal en silencio, como hoy día sucede con las almorranas. Algo hemos avanzado.

Hitler y Franco, los dictadores unicojón

Esto tampoco lo habrás leído en tus libros de Historia del instituto: los dictadores Hitler y Franco eran unicojón, contaban con un único testículo entre las piernas. Hitler perdió la gónada testicular izquierda en la Primera Guerra Mundial, y vivió el resto de su vida con un cojón grande y libre. Franco, también conocido como Paquita (como lo llamaba su padre), perdió un testículo en la guerra en África, en 1916. Dos dictadores monórquidos, una misma causa y solo un par de huevos entre los dos.

La Reina Victoria de Inglaterra, una mujer harta de parir con dolor

En pleno siglo XIX, esta reina de 33 años, casi una anciana para la época, le hizo un corte de manga a la maldición bíblica de 'parirás con dolor'. Después de dar a luz a siete churumbeles de forma natural, al octavo se pusieron en contacto con un médico que ya trabajaba con anestesia de cloroformo, John Snow, para que le aplicase sus técnicas anestésicas. Y finalmente parió sin dolor a éste y a su siguiente y última hija. Por aquel entonces, la anestesia con cloroformo en los partos se convirtió en 'tendencia'. Aunque, sin duda, el mejor antídoto hubiese sido no ser madre sin ganas.

Marie de Bonaparte y su intervención de clítoris

Sin ser su apellido una coincidencia, fue sobrina nieta de Napoleón Bonaparte, una chica de buena familia, pero con una gran 'desgracia' sexual. Corría el siglo XIX y, como era habitual en la época, lo único que podría satisfacer una mujer avanzada para su época, era la penetración, pero ella no llegaba al orgasmo en esas circunstancias. Su inquietud la llevó a estudiar anatomía, psicoanálisis y fisiología para dar con su problema y con una solución casi mágica. Pasó de escritora a estudiosa de las vaginas de otras mujeres, y descubrió que tenía su clítoris más separado de 'lo normal' de la vagina, por lo que se sometió a dos operaciones de acercamiento del capuchón clitoriano a la vagina para facilitar el orgasmo, sin ningún éxito. Marie de Bonaparte murió en 1962 sin haber tenido un orgasmo durante la penetración con sus amantes, pero seguro que sí acabó sabiendo qué era un orgasmo de calidad y sin necesidad de la ayuda de un hombre.